1. ¿Vienes a la playa?


    Fecha: 21/07/2026, Categorías: Hetero Autor: Susana, Fuente: CuentoRelatos

    ... Antonio se preguntó por qué le pitaba y se lo conté.
    
    ―Buf, no aguanto más, tócame la polla -me pidió
    
    La verdad es que no me hice de rogar y empecé a acariciar su paquete y su muslo. Nada más rozarlo su empalme era bestial. Pobre Antonio, pensé. Seguro que lleva dos horas reprimiéndose. Solo podía tocarle por encima de los bermudas, pero parecía que era suficiente. Gemía y conducía. Al entrar en Vigo y para en el primer semáforo, se abalanzó sobre mí para besarme. Sin preguntar me llevó a su piso.
    
    Metió el coche en el garaje y nada más bajar del coche se abalanzó sobre mí, metiendo sus manos por mi escote abierto, agarrando mis tetas con una pasión y excitación desbordante, su lengua se entrelazaba con la mía. Me fue empujando hasta el ascensor sin dejarme ni siquiera coger el bolso del coche. Sin mirar, me empujó dentro, pulsó el botón de su piso y se arrodilló para hundir de nuevo su cabeza en mi coño húmedo otra vez.
    
    Entramos en su piso. Nada más cerrar la puerta me quitó el vestido, me cogió en brazos y me llevó hasta su cama. Me dejó caer mientras se desnudaba a una velocidad increíble, dejándome ver su polla completamente empalmada. Separando mis piernas la puso en la entrada de mi coño y me penetró. Fue lo único suave. A partir de ahí fue aumentando el ritmo, follándome como si fuera el último polvo que echara en su vida. Notaba como sus huevos me golpeaban. Me la clavaba entera.
    
    Mi coño no dejaba de lubricar más y más hasta que empezó a escucharse el ...
    ... chof, chof de las folladas húmedas. Sus ojos estaban cerrados y su rostro colorado por el esfuerzo. Gemía en silencio. Yo me sentía en la gloria siendo follada de esa forma tan salvaje y apasionada.
    
    De repente paró y me preguntó si tomaba la píldora. Le dije que no. Menuda inconsciencia la mía. Él no dijo nada, solo le limitó a sacar su polla de mi coño y a masturbarse con fuerza. Se sentó sobre mí a la altura de mi ombligo. Ahora sí que me miraba. Con su mano libre me amasaba mi teta izquierda y mi mirada justo enfocaba su glande cuando su primer chorro salía disparado hasta mi boca. El segundo aterrizaba en mi cuello. El tercero y el cuarto en mis tetas. El quinto, sexto y séptimo ya salieron sin fuerza.
    
    Pero seguía saliendo semen por su glande. No dejaba de dar arriba y abajo con su mano. Nunca había visto una corrida tan abundante y larga. Literalmente hizo un charco en mi barriga y se dejó caer a mi lado. Su respiración era muy agitada.
    
    El chorro que me había alcanzado en la boca empezaba a deslizarse. Notaba que muchos empezaban a deslizarse por otras partes de mi cuerpo. Quería besarlo pero no sabía si le daría asco su propio semen o si, ahora que había descargado su tensión sexual, volvería a sentirse mal por haber engañado a su novia. Esperé a que su respiración volviera a un ritmo normal. Cuando lo hizo, se tumbó de costado y observó mi cuerpo lleno de su semen.
    
    ―Cómo te he puesto -me dijo
    
    ―Nunca me habían echado tanto encima- le contesté halagando su ...
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