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Antonio reparte rabo en casa de su sobrina
Fecha: 25/07/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... estaban bajadas a medias, dejando pasar franjas de luz anaranjada sobre los azulejos. Y allí estaba ella: Anya, tumbada de lado en el sofá, con un camisón de algodón que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. La barriga, redonda y tensa, sobresalía como una promesa. Tenía los muslos abiertos, una pierna estirada y otra doblada, dejando entrever la curva de unas bragas húmedas. El pelo castaño revuelto, la cara encendida, y esos ojos azules brillando con mezcla de sopor y deseo contenido. —Hola… —dijo ella, con voz arrastrada, casi felina. Antonio dejó la caja en la mesa del comedor y se limpió el sudor de la frente con el antebrazo. —Joder, niña… ¿Has encendido el horno o qué? Esto parece una sauna de putas. Anya se encogió de hombros con lentitud, sin moverse. —No puedo más con este calor… —murmuró—. Y no puedo dejar de pensar en... en cosas sucias. Antonio alzó una ceja y se dejó caer en la butaca, frente a ella. Mientras la observaba allí tirada, sudada y medio en bragas, no pudo evitar pensar lo mucho que le había mejorado el español en aquellos casi siete meses que no la veía. Aún conservaba ese acento ruso, sí, con las erres arrastradas y las eses que se le escapaban como si tuviera la boca llena de vodka, pero coño, se le entendía todo. “Normal…”, pensó Antonio, rascándose los huevos por encima del pantalón. “Si seguramente no ha hecho otra cosa más que tocarse el coño con las dos manos, jugar con el Satisfyer ese y mirar telenovelas. Lo ...
... raro era que no hablara ya como una presentadora de Telecinco”. Sonrió para sus adentros, aún con la imagen de ella en la cabeza: las piernas abiertas, el camisón pegado, la barriga prominente… y esa mirada de gata en celo que no dejaba lugar a dudas. —¿Cosas sucias? —repitió él, divertido. Anya asintió con la cara encendida. —Ay, Antonio… desde que entré en el sexto mes… es como si me ardiera el coño todo el día. El camionero soltó una carcajada gutural, apoyándose en los reposabrazos con gesto amplio. —Pues vas a tener un bebé muy poco ruso si está nadando en tanto caldo. Ella sonrió, mordiéndose el labio. —Y Claudia ya no puede más. Dice que tengo el coño como un horno de pan. Se me inflama si no me mete algo cada dos días. Antonio gruñó, sintiendo cómo algo se removía en su entrepierna. —¿Y tú crees que hablarme así es buena idea, estando yo delante? Anya se incorporó con dificultad, apoyándose con las manos. El camisón se le pegaba aún más al cuerpo, dejando marcados los pezones, oscuros, grandes, hinchados como frutas maduras. —No sé… Pero tú eres el padre. Algo de responsabilidad tendrás. Antonio se pasó la lengua por los labios, como quien ve un plato suculento. —¿Estás diciendo que quieres que te eche un cable? Anya se arrastró hasta el borde del sofá, sentándose con las piernas abiertas, sin disimulo. —Claudia dice que no… pero ella no está aquí ahora, ¿verdad? Antonio soltó un bufido, se agarró la entrepierna por ...