1. Después del suelo (1)


    Fecha: 25/07/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... silla producía un chasquido seco, como un insecto atrapado bajo una campana de cristal.
    
    Ray intentó levantar el brazo para saludar a la pecera, un gesto automático de la infancia, pero el antebrazo sólo se alzó 5 centímetros antes de derrumbarse sobre el apoyabrazos. La frustración le subió a la garganta, áspera y salada, y sólo pudo emitir un gruñido inarticulado, como un animal pequeño a punto de ser sacrificado.
    
    Vero lo notó enseguida.
    
    —Tranquilo —dijo—. Ya irás ganando fuerza. Esto es sólo el principio.
    
    Lo dejó estacionado en el comedor, frente a la mesa cubierta con un hule azul celeste.
    
    Vero desapareció en la cocina y regresó con un plato hondo y una cuchara de acero.
    
    —Vamos, hay que comer algo —anunció.
    
    Ray abrió la boca, sintiendo la lengua como un trozo de trapo húmedo. La cuchara lo golpeó en el incisivo antes de encontrar su objetivo. Sintió la vergüenza arderle por la espina dorsal.
    
    Masticó la sopa con lentitud exagerada, deseando que el esófago trabajara por sí solo, sin tener que exponer cada deglución como un experimento fallido. Cada vez que un hilo de caldo se escurría por la comisura, Vero se lo limpiaba con una servilleta plegada en triángulo.
    
    Después de cinco cucharadas, Ray intentó articular una frase.
    
    —¿Qué...? —La voz sonó cavernosa, más grave que la de un fumador con tres décadas de vicio—. ¿Cuánto... tiempo...?
    
    Vero sonrió con la mandíbula apretada.
    
    —Tienes que comer, Ray. Después hablamos, ¿sí?
    
    Se tragó el ...
    ... resto de la sopa en silencio.
    
    Cuando terminó, Vero le limpió la barbilla con un paño húmedo y se puso de pie.
    
    —Ahora, el baño —anunció, con un tono de capitán dando órdenes de abordaje.
    
    Ray sintió la vejación multiplicarse en el pecho, una presión que lo dejaba sin aire. Pero no tenía opción. Dejó que su madre empujara la silla por el pasillo angosto, torciendo a la izquierda en dirección al baño, cuya puerta había sido ampliada y equipada con una barra de aluminio atornillada al marco.
    
    La bañera estaba seca, impecable. Sobre la repisa reposaban una esponja amarilla, un gel de ducha sin etiqueta y una toalla de felpa perfectamente doblada. Vero lo detuvo junto a la bañera, liberó los frenos de la silla y se arrodilló frente a él.
    
    —Necesito que me ayudes un poco, ¿sí? —dijo, y empezó a desabotonar la camisa del hospital.
    
    Las manos de Ray temblaban, no de pudor sino de pura incompetencia motora. La camisa se abrió sobre su torso pálido, decorado con un mapa de venas azules y costras circulares donde las agujas le habían colonizado la piel durante años. Vero lo miró con una mezcla de lástima y admiración involuntaria, como quien contempla una estatua rota que alguna vez fue venerada.
    
    El pantalón siguió, cayendo con un suspiro de tela sobre los tobillos. Ray, en calzoncillos, intentó cubrirse con la mano izquierda, pero el brazo no cooperó y quedó a medio camino, suspendido en un gesto absurdo.
    
    Vero lo observó en silencio un segundo más antes de pasarle los ...
«1234...»