1. El esposo del Mafioso. Cap XIV


    Fecha: 25/07/2026, Categorías: Gays Autor: Fiore, Fuente: TodoRelatos

    ... enterara?
    
    Augusto guardó silencio. Miró el reflejo del vino y luego murmuró:
    
    —No pasó nada.
    
    —Pero sí pensaste en lo que pasaría si sí, ¿verdad?
    
    Augusto lo miró, serio, como si no tuviera ganas de jugar.
    
    —Tranquilo, cuñado. Te estoy cuidando… aunque a veces parezcas no necesitarlo.
    
    —No es eso —susurró Augusto—. Solo… no sé cómo manejar todo esto.
    
    Alonzo se encogió de hombros.
    
    —Solo no olvides quién eres… y quién es él. Pietro es muchas cosas, pero lo que más teme es no tener el control. Y ese tal Amir… viene justo a jugar con eso.
    
    El último acto de ópera terminó y un silencio respetuoso cubrió el jardin por unos segundos, seguido de un aplauso moderado, más por cortesía que por entusiasmo.
    
    Amir, con su copa aún en la mano, se inclinó hacia una dama y un joven que se habían mantenido cerca de su mesa toda la noche. Sonrió con ese mismo descaro con el que había provocado a Pietro minutos antes.
    
    —¿Qué dicen? ¿Un trago más en mi habitación?
    
    Los dos aceptaron con una risa tímida. Y así, con paso elegante y el ego inflamado, Amir abandonó la fiesta con ambos. Alonzo se estiró en su silla y murmuró a Augusto:
    
    —Ya se llevó a alguien a la cama. Por lo menos esta noche Pietro no lo matará.
    
    Augusto no respondió. Solo tomó una copa más, intentando calmar esa tensión extraña que le latía en el estómago. Entonces Pietro bajó las escaleras.
    
    No dijo nada. No levantó la voz. Solo caminó hacia él, sin mirar a nadie más. Cuando estuvo cerca, ...
    ... simplemente lo tomó de la mano, como si fuera lo más natural del mundo.
    
    —La fiesta ha terminado —dijo sin girar el rostro, sin mirar atrás.
    
    Sus pasos eran firmes, su agarre constante. Augusto no sabía si debía sentirse aliviado o aterrorizado. Al entrar a la habitación, Pietro cerró la puerta con un golpe seco. No dijo una sola palabra.
    
    —¿Qué pasó en el despacho? —preguntó Augusto, con el corazón latiendo fuerte.
    
    Pietro lo miró con una intensidad distinta. No era rabia. Era algo más oscuro. Más carnal.
    
    —Me besó —dijo al fin, con voz grave.
    
    Augusto parpadeó, confundido.
    
    —¿Amir? Pero tú… —intentó preguntar, pero la mirada afilada de Pietro lo detuvo.
    
    —¿Y tú? —le lanzó de vuelta—. ¿Te gustó su mano en tu pierna?
    
    —No seas ridículo —contestó Augusto con el ceño fruncido—. Solo estaba siendo amable, no es lo mismo que besarlo.
    
    Pietro dio un paso al frente. Estaba furioso. No con Augusto, no del todo. Con la situación. Con la impotencia de no poder arrancarle los ojos a ese bastardo frente a todos.
    
    Lo tomó del cuello, no con violencia, sino con deseo urgente, sus labios apenas rozando la piel de su garganta.
    
    —¿Amable? ¿Crees que ofrecerle tu cuerpo es cortesía? —susurró, su aliento caliente erizando la piel de Augusto.
    
    —Yo lo aparté de mí ¿Pero tú? —replicó Pietro, mordiéndole suavemente la mandíbula—. Yo te vi sonriéndole, mirándolo, disfrutándolo…
    
    Y de pronto, lo empujó sobre la cama. No con furia, sino con dominio.
    
    Augusto cayó de espaldas, su ...
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