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Mi ex no quería pero nos acostamos
Fecha: 25/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: CornerOnTheNet, Fuente: CuentoRelatos
Santi y yo lo habíamos dejado hacía unos siete meses. Fue por mí. Las dudas eran cada vez mayores porque había aparecido Alex en mi vida y me lo había desordenado todo. Ya no sabía qué quería, así que le propuse dejarlo. Él estuvo de acuerdo, aunque luego lo pasamos ambos bastante mal, y llegué incluso a arrepentirme. Yo había sabido de él sobre todo los dos meses posteriores a nuestra ruptura. Ya se sabe, siempre queda esa sensación de ahogo y de duda, de no saber si hemos hecho bien, si el otro lo está pasando demasiado mal, etc. Después de aquellos dos meses de hablar de vez en cuando y vernos algunas veces, decidimos que la distancia era lo más apropiado, así que yo me centré en Alex y él encontró a una tal Laura con la que pasar el rato, así que ambos felices. Hasta aquí todo bien. La cuestión es que pasé por casualidad por delante de su piso de camino a la Universidad. Hacía un día de un calor brutal para ser otoño, y había decidido ponerme guapa. Era uno de esos días que amaneces tan decaída que necesitas animarte de alguna manera y decides ponerte sexy para subirte el ánimo. Así que saqué el vestidito verde que me habían regalado por mi cumpleaños y los zapatos con un poco de tacón que son tan cómodos. —El moreno del verano aún se deja traslucir — pensé—, y con este traje se me ven geniales las piernas—. Apenas me pinté porque nunca me ha gustado, pero me recogí el pelo de esa forma que sé que me queda tan bien. Así fui directa a clase, y cuando pasé por ...
... su calle, casi instintivamente (como había hecho tanto tiempo atrás cada día), alcé la vista hasta su balcón, más por costumbre que por querer encontrármelo. Y allí estaba Santi, mirando hacia abajo. Cuando me vio me saludó con la mano, un poco turbado. Le hice señas de que subía para saludar y me abrió por el portero. Es increíble, pero nada más entrar por aquella puerta sentí un golpe de calor por todo el cuerpo que me hizo tener que parar un segundo y sentarme en la escalera. Me sentía tan excitada que me asusté. No comprendo aún cómo me sucedió, tal vez puro conductismo, aquella vieja relación entre entrar en su piso y follar. No lo sé, la cuestión es que entré en el ascensor absolutamente húmeda, con unas ganas locas de que allí mismo cualquiera me la metiera hasta el fondo y me volviera loca. No digamos cuando me abrió la puerta y le vi. Estaba mucho más guapo que cuando lo habíamos dejado. Nos abrazamos y sentí su pelo recién bañado y su piel oliendo a perfume de bebés. Todo se me dio la vuelta. Estuve a punto de comerle la boca como una salvaje en aquel mismo momento, pero él estaba algo abochornado y me supe contener. Le pregunté si estaba bien, y me dijo que sí. Nos miramos largamente y nos dijimos que estábamos muy guapos, que tal vez la ruptura nos había sentado bien. Le pregunté si aún tenía en su cuarto la colección de vinilos que hacía años iba reuniendo y me dijo que tenía algunos nuevos, que se había acordado de mí comprándolos y que entrara para ...