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Jugando al doctor… y un poco más. Un relato para mujeres curiosas sobre el despertar sexual masculino.
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Gays Masturbación Voyerismo Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30
... padres. Nos detuvimos de inmediato: sin hacerlo verbalmente explícito, sabíamos que ese juego no sería aprobado por los adultos. Y ambos queríamos continuar. No recuerdo si pensé en el juego los días siguientes, pero estoy seguro de que sí. Una semana más tarde, volví a visitar a mi amigo. Nuevamente la hermana se fue, la habitación quedó libre, y la mamá se ocupó en una habitación alejada de la casa. Gastón cerró la puerta. Nos miramos y supimos que queríamos volver a jugar “al doctor”. Decidido, se acostó primero y levantó su remera dejando el abdomen al aire como la última vez, pero también el pecho. Esta vez, no disimulé mi impulso y llevé mis manos directamente a su zona desnuda. Lo acaricié despacio, y vi cómo sus pequeños pezones se ponían duritos. Bajé las manos, recorrí su panza, y -tal cual había hecho él en nuestra sesión previa- recorrí el borde de su pantalón, apenas introduciendo dos dedos por debajo del elástico. Sus ojos estaban cerrados, y eso me hizo sentir una cierta impunidad para mirar con detenimiento cómo crecía un pequeño bultito en sus pantalones. “Ahora, boca abajo”, dije. Sin responder, se dio vuelta. Comencé a tocar su espalda, y vi cómo elevaba un poco la cintura para bajar un poco más su pantaloncito, con ambas manos, dejando a la vista un tercio de sus nalgas blancas y una línea en el medio que desaparecía hacia abajo. Recuerdo sentir una descarga en el pito, que había despertado hacía varios minutos, pero que ahora se estaba ...
... poniendo mucho más duro. “Le duele… acá?” pregunté, sin olvidar el juego, mientras bajaba la mano para manosear el principio de su cola. “Sí… más abajo…” respondió, invitándome a avanzar, mientras se movía lentamente buscando rozar su pequeña erección contra la cama. Yo, de pie junto a la “camilla”, también estimulaba mi pijita con minúsculos embates contra el mismo colchón, sin dejar de acariciar sus nalguitas y acercándome lentamente a la rayita que las unía. Cuando posé un dedo sobre ella, gimió levemente y dijo, con la voz entrecortada: “te toca a vos”. Se dio vuelta para acomodarse la remera y subirse los pantalones (que estaban más bajos que la vez anterior) y pude ver su slip abultado por su pequeña pero rígida verguita por unos segundos. Se puso de pie, dándome lugar en la “camilla” para tomar el rol de doctor. Nunca había estado tan excitado. Nunca había tenido el pito tan duro. Dando otro paso adelante en esta experiencia novedosa y tabú, bajé mis pantaloncitos hasta las rodillas para quedarme en ropa interior y facilitar el juego. Recuerdo que, si bien también quería ser “revisado” boca abajo (que me toque la cola, para decirlo sin eufemismos), la razón por la cual empecé en esa posición fue que quise dejar lo mejor para el final de la sesión. Gastón levantó mi remera para conservar los pasos tácitamente acordados del juego, pero no demoró más que un instante en aproximarse a la zona que más le interesaba. Él también dio otro paso: lentamente, bajó mi ...