-
Jugando al doctor… y un poco más. Un relato para mujeres curiosas sobre el despertar sexual masculino.
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Gays Masturbación Voyerismo Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30
... roce de las sábanas con mi pequeño pene excitado. Obviamente, no le conté a nadie: era mi secreto mejor guardado. Pasaron unas dos semanas. La relación con mi amigo, a quien veía a diario en el colegio, no había cambiado en ningún sentido. No sentíamos atracción el uno por el otro. Nos gustaban las nenas, y a veces hablábamos de eso. Nuestro juego consistía simplemente en estimulación, en exploración de nuestros cuerpos, en interacciones prohibidas. Un sábado de lluvia volví a la casa de Gastón. Con paciencia nos entretuvimos, sin dejar de esperar ansiosamente el momento que ambos deseábamos. “Me voy a llevar a Julieta a patín, vuelvo en un rato!”, avisó su mamá. El golpe de la puerta al cerrarse fue liberador. Esta vez estaríamos realmente solos durante un rato. No hizo falta hablar: de inmediato, fuimos a su habitación. Aunque no había nadie en casa, cerramos la puerta: era un juego secreto. Mirarnos fue suficiente para acordar, tácitamente, que no queríamos esforzarnos por sostener la trama del juego del médico sino continuar estimulándonos y explorándonos sexualmente. Sin embargo, necesitábamos una excusa, un marco para permitirnos volver a desnudarnos y tocarnos. “Jugamos a la mamá y el papá hoy?”, propuso Gastón. “Cómo?”, dudé. “Primero yo soy la mamá y te toco el pito a vos. Y después sos vos, y me lo tocás a mí”, explicó, evidenciando que había prefigurado la dinámica en detalle de antemano. Nos pusimos de pie, frente a frente, junto a la cama. ...
... Bajé mis shorts y mi calzón. Mi pito duro se erguía, orgulloso. Gastón acercó la mano y comenzó a rozar mis huevitos primero, y después fue subiendo y bajando sus dedos por el tronquito. Excitado, lo dejé hacer. No solo me calentaba el estímulo físico, sino también ver su mano tocándome el pito. Luego, dándose vuelta, se bajó los pantalones y calzones y me pidió: “pasámelo por la cola” mientras abría sus nalgas con ambas manos. Me acerqué lentamente. Observé curiosamente su ano infantil y, con ayuda de mi mano, empecé a frotar suavemente la cabeza de mi verguita dura sobre ese agujerito virgen. Gastón, siempre de espaldas, seguía separando sus nalguitas y se dejaba hacer. Al cabo de unos instantes, se dio vuelta para cambiar de rol. Vi su pene, tan parado y rosado como el mío, apenas más pequeño. “Tocamos pito con pito?”, dije. Sin responder, hincó su cintura hacia adelante, y yo hice lo mismo. Las dos pijitas, duritas como jamás habían estado, entraron en contacto. Recuerdo que la mezcla de excitación y nervios me hacía temblar. Nos acercábamos y alejábamos levemente, haciendo que tanto la cabeza como el tronco y los huevitos de cada uno se frotaran. Llegó mi turno de “ser la mamá”. Gastón cerró los ojos, expectante. Acerqué la mano a su ingle. Imitando su accionar previo, mis dedos acariciaron primero su escroto sin pelos, muy sutilmente, y luego subieron y bajaron por todo su pene. Recuerdo ver el miembro pequeño, excitado, dando pequeños saltos cuando lo rozaba. ...