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Jugando al doctor… y un poco más. Un relato para mujeres curiosas sobre el despertar sexual masculino.
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Gays Masturbación Voyerismo Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30
... calzón para dejar mi cola enteramente al aire. Suspendí la respiración por unos segundos, sorprendido por su atrevimiento, pero lo dejé hacer. Tomó mis nalgas, una con cada mano, y me masajeó suavemente. Mi pequeño pene estaba tan durito que casi me dolía al empujar instintivamente contra el colchón. Sentí cómo mi amiguito me abría la cola con cuidado. Volteé la cabeza para verlo en el preciso instante en que llevaba una de sus manos al bultito en sus pantalones mientras miraba fijamente el medio de mi cola. Luego, su mano volvió a tocarme. Cerré los ojos y sentí una caricia espiralada alrededor de mi ano, que se movió al medio. No sé por cuántos segundos me quedé quieto, erotizado, tenso. Gastón me tocó un poco más y, fiel al registro formal del guión del juego original, ordenó: “Ahora se tiene que dar vuelta así lo termino de revisar:” Obedecí. Mi pequeña pero contundente erección apenas sostenía el elástico de mi calzón, que estaba mucho más bajo en su mitad trasera. Gastón puso su mejor cara de médico serio y comenzó la revisión frontal: levantó mi remera tanto como pudo y más lentamente que por mi espalda, pasando sus manitos por mi pecho. Tocó mis pezones, poniéndolos duros, y sus caricias descendieron de a poco hasta mi cintura. Tocando el comienzo de cada pierna, y sin dejar de observar mi erección bajo la tela, dijo tímidamente: “Voy a tener que revisarle… el… pito.” Me quedé en silencio. Recuerdo la excitación inocente, infantil, al escuchar la palabra ...
... “pito”. “Está bien”, logré responder, con el ritmo cardíaco cada vez más acelerado. Incorporé levemente la cabeza para no perderme detalle. Entonces, su mano derecha tomó el elástico del calzón, y lo deslizó despacio hasta la mitad de mis muslos. Mi verguita de nene apareció, tiesa y rosada, hinchada como nunca. Dejé de mirarla para observar a Gastón, que parecía absorto. “Ahí me duele…”, dije, para espabilarlo y continuar los roces. “Acá?”, preguntó. Su mano se aproximó a mi pijita desde abajo y rozó muy suavemente mis huevitos. “Sí”, respondí. Quería más. Gastón pasó a acariciar el tronco de mi miembro. Movió su mano recorriéndolo de la cabeza hasta los huevitos, y nuevamente hasta la cabeza. Luego lo envolvió con los dedos. No sabíamos lo que era la masturbación, pero el instinto más erótico y básico guiaba cada pequeña acción durante ese juego tan tabú. No sé cuánto tiempo estuvo tocándome. Un ruido de afuera nos rescató de la embriaguez del momento. “Listo”, dije, un poco avergonzado, y me volví a acomodar la ropa. Cerramos el juego con consideraciones erráticas, distraídas, sobre medicamentos e indicaciones inventadas, y luego salimos al jardín de la casa. Al rato, escuché un grito lejano: “Nico! Te vino a buscar tu mamá!”. Saludé a mi amigo como si nada, y me fui a mi casa. Pensé mucho en el episodio vivido. Recuerdo que, por la noche, al quedarme solo en mi cama, imitaba el momento en que Gastón me había bajado el calzón, y luego me quedaba disfrutando del ...