1. Jugando al doctor… y un poco más. Un relato para mujeres curiosas sobre el despertar sexual masculino.


    Fecha: 27/07/2026, Categorías: Gays Masturbación Voyerismo Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Gastón estaba en éxtasis, parecía ido. La expresión en su cara revelaba lo caliente que se ponía al sentir a su amiguito jugando con su pito.
    
    Después de algunos segundos de manoseo, me pidió que me diera vuelta. No estaba seguro de querer hacerlo, pero tenía que respetar el pacto: “una vez cada uno”. No me abrí la cola, solo le di la espalda y quedé levemente inclinado, sintiendo en mis genitales jóvenes el roce con el cubrecama. Mi piel se erizó cuando sentí que su pito apoyarse sobre mi nalguita izquierda y deslizarse lentamente hacia el medio. Me quedé quieto. Pude percibir cómo lo tomaba con la mano para acomodarlo mejor. Me pidió que me abra como había hecho él, y accedí. Su pequeño glande virgen se apoyó contra mi orificio más íntimo. El estímulo me excitó tanto que solté una de mis nalgas para poder tocar mi propio pito mientras duraba esta mímica infantil de sexo anal.
    
    Me di vuelta y, nuevamente, quedamos frente a frente. “Tocame el pito, y yo te lo toco a vos”, dije. Entonces, cada uno estiró su mano derecha para acariciar el pene erecto del otro.
    
    El ruido de la puerta de calle decretó el final de la sesión. Nos acomodamos la ropa y cambiamos de juego para disimular. Nuestro secreto estaba a salvo. Y, por falta de oportunidad o alguna otra razón que ya no recuerdo, nunca más volvimos a jugar de esta manera.
    
    Sin embargo, me queda algo por decir. Cuando vinieron a buscarme ese día, pude escuchar (apenas) que la mamá de mi amigo, con disimulo, le contaba a ...
    ... la mía, sin detalles, lo que Gastón y yo habíamos estado haciendo.
    
    Hoy, varios años después, me pregunto por qué -si es que nos vio- no quiso interrumpirnos.
    
    Confieso que he fantaseado pensando que, sin que nosotros nos demos cuenta, nos espiaba.
    
    Que la primera vez, al no escuchar el ruido habitual de juego, se acercó sigilosamente a la habitación para ver qué hacíamos. Que nos vio, y estuvo a punto de interrumpirnos y reprendernos… pero que algo en ella hizo que opte por seguir mirando, escondida. Me gusta pensar que nos observó en detalle desde el principio… y descubrió cuánto se calentaba al ver cómo su hijo y su amiguito se manoseaban la pijita y la cola. Que se quedaba espiando, y su mano se iba bajo la ropa para encontrar su concha mojada por el morbo de ver a dos nenes frotando sus pitos erectos. También me da morbo pensar que nos tomó fotos de incógnito y las miró masturbándose con culpa. Que por la noche, mientras su marido la penetraba, pensaba en ponerse en la boca nuestros pitos duritos, probando primero el mío y luego, ebria de excitación, transgrediendo la prohibición del incesto para chupar sin parar la verga de su propio hijo de ocho años. Que sugería a su hijo que me invite, porque sabía que -ni bien creyéramos estar solos- le regalaríamos una sesión de voyeurismo morboso y prohibido.
    
    Estas no fueron las únicas experiencias de este tipo que tuve en mi infancia. Hubo también otros amiguitos. Y hubo una tía inusualmente… cariñosa. Quizá algún día me ...
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