1. Una terapia diferente para Layla


    Fecha: 27/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: El Cuentacuentos, Fuente: TodoRelatos

    ... interrumpiendo su propio monólogo, a lo que ella respondió asintiendo y motivándolo con su mano a continuar. Pues mira, entonces entenderás que una mujer que está acostada a punto de dormirse ya, no sorprende de pronto a su marido acariciándolo y luego metiéndose debajo de las sábanas para comérselo durante varios minutos hasta que él le termina en la boca por nada, ¿verdad? Sobre todo cuando al terminar simplemente se voltea para quedarse dormida sin recibir nada a cambio.
    
    Layla se quería morir. En sus adentros pensaba que en ese preciso momento ella estaría dispuesta a interrumpir la sesión para hacer lo mismo, pero recordaba que él era un paciente, y se limitaba a responder con cosas como: Pues si, es extraño.
    
    Y mira, ahí es donde mi ansiedad me traiciona Layla, ¿Te puedo decir Layla? Preguntó interrumpiendo su propio monólogo de nuevo, a lo que ella respondió: Si, como tú te sientas cómodo. Pasé al menos media hora mirándola a mi lado, ella se había volteado de espaldas a mi, pero solo miraba su cuerpo, su trasero, y pensaba si debía despertarla con caricias para regresarle el favor, pero nunca me animé, solo la miré por minutos enteros y hasta tuve una erección mirándola, pero el miedo no me dejó hacer nada y, me da mucha pena contarte esto, pero tuve que entrar en el baño por una segunda ronda de placer que yo mismo me provoqué.
    
    Joaquín tenía los ojos cerrados mientras hablaba, y Layla pensó que lo hacía a propósito para que ella pudiera mirarlo sin ser ...
    ... descubierta, o al menos, eso era lo que estaba haciendo, aprovechando que su paciente no la veía.
    
    De pronto, descruzó la pierna y se recostó un poco en el sillón. La mirada de Layla barrió el movimiento y se detuvo donde seguramente él quería que se detuviera. ¡Eso ya lo he visto! Pensó recordando todas las veces que Arturo comenzaba a tener una erección y al principio se le notaba solo un poco abultado el paquete, pero ahora no era el adolescente, era el hombre que la tenía con los nervios de punta, y el abultamiento del pantalón no era como el del chico, era tan prominente como las mismas ganas que en ese momento tenía de saltar sobre él.
    
    ¿Cada cuánto les pasa eso? Preguntó Layla mientras sus ojos iban del paquete de su paciente a su rostro para cerciorarse de que continuara con los ojos cerrados.
    
    Al menos 4 veces a la semana, respondió Joaquín.
    
    ¿4 veces? Pensó Layla mientras recordaba cuántos días hacía que su marido no le ponía una mano encima; Dios, y ¿Eso es un problema para ti?, pensó en decirle, pero se contuvo.
    
    Si, le respondió, a veces soy yo el que comete un error, y entonces yo debo sufrir el castigo.
    
    ¿Castigo?, le preguntó.
    
    Si mira, el sábado pasado, cuando le contesté mal delante de nuestros hijos, esperó a que ellos se salieron en la noche y entonces empezó a ponerse cariñosa. Yo pensé que sería normal, pero entonces sacó las esposas, porque una vez compramos unas esposas para jugar y de vez en cuando las usamos, y me amarró a la cama con los ojos ...
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