1. Confesiones (5): Favor secreto


    Fecha: 01/08/2026, Categorías: Confesiones Autor: Kurosko, Fuente: CuentoRelatos

    ... pregunta sin gritar. Pues la muy puerca me contó que se andaba manoseando y en un arranque de genialidad se metió un marcador en la cuca. Por un momento, no sabía si darle un zape o ir a despertar a mamá, pero me ganó la risa. Yo tengo la manía de reírme en momentos inoportunos, cuando me gana la ansiedad.
    
    Pues que ella se tapa la cara de la vergüenza con las manos y yo tenía las mías para evitar que la risa se me escapara. Cuando al fin pude tranquilizarme, le dije que lo mejor era decirle a mamá, a lo mejor ella sabría qué hacer o tocaría llevarla al doctor. Mejor le hubiera dicho que se murió el perro, porque se puso a chillar con mi almohada para amortiguar sus gemidos, que cómo le iba a explicar a mamá y que si se enteraba papá quién sabe lo que haría.
    
    A ver, no era poca cosa que mamá se enterara, la ves tranquilita y buena gente, pero es una mocha de atar. Ninguna habíamos tenido siquiera la osadía de tener novios porque sabíamos que ella se volvería loca, que nada de eso hasta acabar una carrera o que nos meterían a un convento. Una vez, nos vio viendo un video de los Jonas Brothers y al día siguiente, mandaron a un técnico para ponernos en la lap un candado para que no pudiéramos ver sitios de adultos. ¡Hazme el favor!
    
    De las dos, ella era la más calenturienta. Como si no la oyera metiéndose mano en las noches, cuando creía que yo seguía dormida. A ver, yo también lo llegué a hacer, pero en el baño… o hasta que tuve mi cuarto; pero lo de ella era casi ...
    ... todas las noches. Las veces que me acomodaba para no oírla ella se aplacaba y al final, decidí no dar señales las veces que el ruido de su chapoteo me despertaba para… pues… no cortarle, digo, creo que eso también es malo para la salud ¿no?
    
    Nunca fui de chismosa con mamá ni tampoco quise que se sintiera mal, mira, mi plan era no decir ni pío en mi vida. Además, ya cuando tuvimos nuestros propios cuartos, ella no lo hacía cuando nos quedábamos a dormir juntas, así que lo pensé mejor y comprendí que decirle a mamá no era opción. La tranquilicé y le dije que mejor iríamos a ver a un doctor nosotras solas, pero ella me dijo:
    
    —Tú tienes uñas —se refería que me las había dejado crecer largas—. Yo digo que sí alcanzas.
    
    ¡Ay no! Te juro que quería soltarle una cachetada ahí mismo y conociéndome, le eché mi mirada asesina más intensa porque ni me quiso voltear a ver. Luego, vi mis uñas… aparte, mis dedos eran más delgados que los de ella. Me dio tanta cosa, pero ella tenía razón.
    
    Le dije que fuéramos al baño, mi plan era que ella intentara usar la regadera de mano para ver si con el agua saldría sola, pero la presión del agua no era suficiente. No quería hacerlo yo, créeme que no, pero al final regresamos a mi cuarto.
    
    Le dije que se desvistiera de la cintura para abajo. No había la visto desnuda desde que éramos niñas y nos bañaban en una tina, además, era la primera vez que veía una vagina así, en vivo y tan de cerca. Se recostó y tapó su cara con una almohada, estaba ...
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