1. Confesiones (5): Favor secreto


    Fecha: 01/08/2026, Categorías: Confesiones Autor: Kurosko, Fuente: CuentoRelatos

    ... volverlo a meter, así que metí el de en medio, que era más largo y tampoco pude. No presté atención a sus gemidos y volví a sacarlo, tenía que intentar con dos al mismo tiempo. Fue más difícil, pero tardé menos en hacer que sus adentros me dieran espacio para maniobrar. Le pedí perdón un par de veces que sentí que la rasguñaba por dentro, ella sólo levantaba las rodillas, pero las mantenía separadas.
    
    Aquella tapa se resbalaba y la sensación de calambres me hacían apartar la mano cada vez más rápido. Pensé en usar pinzas para pestañas, pero no eran tan largas y no iba a tener espacio para usarlas dentro. Estaba saliéndole fluido, era casi líquido y pensé que con eso debía de hacer que resbalara mejor, pero sólo sentía que se enterraba cada vez más.
    
    Y luego, ella se empieza a convulsionar y se aprieta la cara con ganas contra la almohada, se había venido. Le salió aún más fluido y vi cómo su rajita se abría y cerraba poquito, como si respirara por allí. Ni me lo pensé, volví a meter los dedos, ya casi me cabían tres, así que hice un mete-saca rápido para que se abriera más y pudiera meter el tercero bien para alcanzar y agarrar la mentada tapa. Ella me agarró de la muñeca para que me saliera pero ya había podido agarrarla bien, estaba sacándola, así que me soltó y volvió a abrir las piernas. Estaba temblando muy fuerte, se me estaba embarrando la mano, pero al fin pude sacar aquella mugrosa cosa.
    
    Era chiquita, apenas más gruesa que mi dedo, pero con tanta batalla que ...
    ... había dado, pensé que era enorme, como de los rotuladores de pizarrón blanco. La agarré y se la mostré, sonriente. Había alejado la almohada de su cara y estaba totalmente roja, miró el trozo de plástico y sonrió entre lágrimas, nos abrazamos y para cuando me di cuenta de que mis manos estaba cubiertas en sus aguas… me fui corriendo al baño.
    
    Regresé y ella ya estaba vestida y se iba a ir a su cuarto, le dije que si quería quedarse, no habría problema, pero prefirió descansar en su cama.
    
    —A la próxima, úsalo del otro lado —le dije, burlona.
    
    —A la próxima, mejor me meto tres dedos como me hiciste tú.
    
    Me dieron escalofríos cuando dijo eso, cerré la puerta del cuarto y cuando me acosté y pensé en lo que habíamos hecho, no pude dormirme. Quise convencerme de que aquello fue solo para ayudarla, pero digamos que tuve que darme una ayudadita para poder dormir… y digamos que, a lo mejor, pude pensar en dónde habían estado mis dedos mientras lo hacía.
    
    Después de eso, hubo un tiempo en que nos mirábamos con incomodidad. Ya luego, lo superamos y continuamos nuestras vidas. Ella siguió con el plan de ser oncóloga y yo fui interesándome más y más en ser ginecóloga. Cuando le conté a papá y mamá, me miraron raro, pero como iba a ser doctora a fin de cuentas, no les importó mucho. De hecho, se preocuparon más por el ataque de tos que le dio a mi hermanita mayor después de escucharlo.
    
    Casi nunca hacemos alusión a esa anécdota, pero de vez en cuando, le digo que va a tener que ...