1. Amor en criptomonedas IV


    Fecha: 06/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    Amor en criptomonedas IV
    
    Alan no podía estar tranquilo. Llevaba más de una hora acostado, pero el calor y la ansiedad le quemaban la piel. Había intentado cerrar los ojos, imaginar cualquier otra cosa, pero cada imagen lo devolvía a la misma escena: Margaret, su Margaret, en esa moto, rodeando la cintura de Eric, quizá besándolo en algún claro, tal vez … tal vez haciéndolo. No podía soportarlo.
    
    Había pasado casi una hora, cuando el sonido del motor lo sacó en un sobresalto. Se irguió en la cama, con la respiración entrecortada. Corrió a la ventana, pero desde allí no alcanzaba a verlos bien; solo distinguía la silueta de la moto detenida bajo el techo en la entrada de la casa. Se quedó quieto, agazapado detrás de la cortina, conteniendo la respiración mientras escuchaba.
    
    Se oían voces apagadas, rápidas, tensas. No entendía palabras, solo tonos: ella hablaba más bajo, cortante; Eric replicaba entre risas ahogadas, parecían estar discutiendo. Luego un silencio breve y después el crujido al abrir la puerta. Habían entrado. Alan se apartó y corrió al baño del pasillo entrando sin encender la luz, para luego asomarse por la pequeña ventana que daba al patio trasero.
    
    La vio. Caminaba deprisa hacia el jacuzzi, en sandalias, pero con la parte inferior del bikini ausente. Sus muslos temblaban levemente bajo la luz amarillenta del jardín. Sus nalgas, desnudas y rojizas, parecían marcadas por algo más que el roce de un asiento. Detrás de ella, Eric avanzaba con una ...
    ... arrogancia que a Alan le revolvió el estómago. Sostenía en la mano derecha el tanga de Margaret, lo agitaba como un trofeo para que todos lo vieran.
    
    Al llegar a la zona de las tumbonas tomó una toalla y se cubrió con ella. Eric se le acercó demasiado. Discutían. Alan no alcanzaba a oír bien, pero lo veía: ella encogía los hombros, brazos en jarra, él se inclinaba, la rodeaba como un perro demasiado confiado. Margaret se tensó. Alan contuvo el aliento. Ella parecía a punto de empujarlo, de gritar. Pero no. Fue ella quien, de pronto, se dejó vencer y lo besó. Rápido, apenas un roce torpe, como si quisiera acabar con eso de una vez.
    
    Alan sintió que la sangre se le iba de la cabeza. Cerró los ojos. Giró sobre sí mismo, apoyó la frente en la fría pared del baño. Quiso no ver más. Pero algo —quizá un ruido seco, una exclamación— lo obligó a volver a mirar. Justo a tiempo para ver la mano de ella volar y chocar contra el rostro de él. Un bofetón que retumbó en la distancia. El apenas reaccionó, solo se recogió el rostro entre el cabello y retrocedió, caminando al borde del jacuzzi. Con el tanga ya en su mano miró arriba, verificando que la luz del baño estuviera apagada y el no la hubiera visto. Tras la comprobación no lo vio y emitiendo un suspiro, caminó de vuelta hacia la casa por el sendero de piedra.
    
    Alan salió metiéndose en el cuarto antes de que ella llegara. Se tumbó de lado, mirando la pared. La escuchó entrar, luego los pasos suaves hasta el baño del cuarto, donde se ...
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