1. Amor en criptomonedas IV


    Fecha: 06/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    ... puerta
    
    —¿Te vas?
    
    Alan siguió hasta las escaleras
    
    —Por supuesto. —Se detuvo un instante, mirándola desde lo alto de los escalones
    
    ——- ahora podrás irte de paseo con Eric.
    
    Ella se llevó la mano a la boca, impactada. No esperaba esa crueldad. No de él. Se quedó ahí, inmóvil, mientras desaparecía por las escaleras.
    
    Alan subió al cuarto y comenzó a meter su ropa en la maleta sin cuidado. Cada prenda arrojada dentro era una confirmación: se acabó. Ni las lágrimas de ella, ni sus excusas, ni su piel, ni los años compartidos podían retenerlo ya.
    
    Margaret fue corriendo tras él.
    
    —Nos vamos juntos. No hay transporte desde aquí, y lo sabes.
    
    —No quiero pasar un minuto más a tu lado —repitió, cerrando la cremallera de su maleta de un tirón.
    
    Desesperada al borde del llanto
    
    —¡Coño, Alan! ¡No hice nada!
    
    Pero él no respondió. Tomó la maleta, se la echó al hombro y bajó con ella. Margaret tomó las llaves del coche persiguiéndolo hasta alcanzarlo y en un movimiento rápido se la arrebató. Salió de la casa casi tropezando, con los dedos crispados en el asa, como si llevarla fuera lo último que le quedaba en la vida. Abrió el maletero, la metió, cerró con un golpe seco y trancó con llave.
    
    Alan intentó quitársela, pero ella se aferró a las llaves con las dos manos, los ojos brillantes de angustia.
    
    —¡Dámela!
    
    —¡No! ¡No me vas a dejar así! ¡Ni siquiera me has escuchado! No es justo después de tantos años juntos.
    
    - lo mismo pensé yo anoche
    
    En ese ...
    ... momento, una voz se acercó desde el jardín, irónica y untuosa.
    
    —Hola, parejita —dijo Helen, cruzándose de brazos, disfrutando de la escena.
    
    Alan giró bruscamente hacia ella. Estaba al límite.
    
    —Vete a la mierda. Hija de puta
    
    Margaret se quedó helada. Jamás lo había oído hablar así. Alan siempre había sido correcto, educado, contenido. Pero ahora algo se había roto, y las palabras salían como piedras arrojadas desde el fondo del alma.
    
    Helen sonrió con desprecio, pero no dijo nada más. Se alejó caminando con su hipocresía a cuestas.
    
    Margaret, en lugar de enojarse, sintió algo removerse en su pecho. Años de pequeñas humillaciones, de permitir la cercanía de Helen sin hacer nada, de callar por miedo al conflicto. Ahora todo explotaba y en el fondo sabía que Alan tenía razón.
    
    Volvió corriendo al cuarto, abrió su maleta con rabia, y comenzó a recoger toda su ropa, lanzándola dentro. Luego bajó corriendo tirando de ella y se plantó delante de él.
    
    —Vámonos —dijo con firmeza—. Pero por favor… déjame explicarme. Solo te pido eso. Y si después de escucharme quieres irte para siempre, lo aceptaré.
    
    Alan no respondió. Se quedó inmóvil unos segundos. No accedió, pero tampoco se negó. Tal vez porque no podía hacer nada: su pequeña maleta estaba guardada en el coche de ella.
    
    Se Subieron en silencio. Margaret arrancó. Salieron del parking de la casa dejando atrás las montañas, el jardín, y una parte de sí mismos que ya no volvería.
    
    Pero no habían avanzado ni 20 metros ...
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