1. La Puta del Sr. Alcalde


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Deva Nandiny, Fuente: TodoRelatos

    Muchas veces, quienes me leen deciden escribirme. Me comparten fantasías, vivencias, secretos que nunca han contado a nadie. Hace unas semanas, Carmen fue una de esas lectoras. Me escribió con pudor, pero también con urgencia. Quería contarme lo que vivió una noche de verano, durante las fiestas de su pueblo, el año pasado. Ella lo hizo para preguntarme por qué con su esposo no era capaz de correrse de esa forma… Tras una larga charla donde nos hicimos amigas, le pedí permiso para relatar su historia, con sus propias palabras, con todo su fuego. Tal y como ella me lo contó, sin adornos ni artificios.
    
    Y aquí está:Una mujer. Una noche. Un antes y un después.
    
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    No sabría decir en qué momento exacto empezó a cambiar algo dentro de mí. Supongo que fue poco a poco, como cambian las estaciones: sin hacer ruido, sin avisar, sin que una se dé cuenta… hasta que un día ya no queda más remedio que aceptarlo.
    
    Me llamo Carmen y tengo cuarenta y dos años. Llevo casada con Antonio más de veinte, y juntos tenemos dos hijas. Almudena, que ya ha cumplido los dieciocho, y Marta, que aún tiene doce. Vivimos en Valladolid, capital, aunque los dos nacimos en un pueblo pequeño de la provincia, de esos donde todo el mundo se conoce y no se puede tirar una piedra sin que alguien lo sepa al instante. Allí crecimos, allí nos enamoramos, y de allí nos fuimos, buscando una vida mejor. O, al menos, una vida más cómoda.
    
    Trabajo en una empresa ...
    ... de limpieza. Oficinas, portales, clínicas… lo que toque. No me quejo. Hay días en los que termino rendida, con la espalda partida y las manos ásperas de tanto frotar, pero es un trabajo honrado. En esta casa nunca ha faltado lo básico, y eso ya es mucho. Antonio, mi marido, es mecánico. Tiene esas manos grandes y firmes, que parecen hechas para sujetar el mundo sin que se caiga. Siempre ha sido así: serio, trabajador, cumplidor, buen padre. Y como esposo… tampoco tengo queja.
    
    El sexo entre nosotros… no sabría cómo explicarlo sin que suene más frío de lo que es. No lo hacemos todos los días, ni falta que hace. Una o dos veces por semana, con suerte. Suele ser él quien toma la iniciativa, y casi siempre sigue el mismo guion: me la mete, se corre, y luego, si estoy receptiva, introduce la cabeza entre mis piernas y me come el coño.
    
    No hay muchas palabras. No hay juegos. No hay tiempo.
    
    Pero desde que terminó el verano, cuando él termina y se da la vuelta para dormirse, algo en mí se queda encendido. Como si mi cuerpo supiera que eso no es todo. Como si una parte dormida durante años empezara ahora a moverse, a estirarse, a reclamar lo que siempre callé.
    
    No se lo digo, claro. ¿Para qué? Él está contento, y yo… yo siempre he sido de las que se conforman. De las que sonríen, bajan la mirada y piensan que así es la vida. Que no se puede pedir más.
    
    Es limpio, directo y, en cierta forma… suficiente. O al menos, eso creía yo.
    
    Todo empezó en las fiestas patronales del ...
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