1. La Puta del Sr. Alcalde


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Deva Nandiny, Fuente: TodoRelatos

    ... plaza y cruzando el viejo campo de fútbol por un lateral. Él caminaba rápido. Yo me sentía atrapada entre la adrenalina y la vergüenza. «Le iba a hacer una paja al alcalde».
    
    Cuando llegamos, el sitio era todavía más ruinoso de lo que recordaba. Había zarzas por todas partes, matorrales altos, una reja oxidada y lo que quedaba de la puerta colgando de un solo clavo. Dentro, botellas de cerveza vacías, latas abolladas, condones usados, bolsas rotas… Una escena típica de botellón. De jóvenes que vienen aquí a beber y a hacer lo que no pueden hacer en casa.
    
    Sentí un escalofrío.
    
    —¿Y si está aquí mi hija? —susurré.
    
    —No está. Tranquila. A estas horas la chavalería baja al río. Seguro que la Almudena se está pegando el lote con el hijo de la Luisa. Por lo que he oído... —Intento tranquilizarme, pero logró el efecto contrario.
    
    El sitio estaba vacío. Solo se escuchaba el crujido de nuestras pisadas y mi respiración, que se aceleraba con cada paso. Una vez dentro, Paco me arrinconó contra la antigua casa del maestro.
    
    —Dame las tetas —dijo sin rodeos, como si fueran objetos que pueden prestarse.
    
    Me bajó el vestido con torpeza y se las sacó del sujetador con ambas manos. Las agarró con ansia, las apretó, las besó, las lamió como si fueran suyas.
    
    —Y ahora dame la mano —ordenó. Y yo se la di.
    
    Él bajó la cremallera y la sacó. No pude evitar mirarla; era la segunda polla que veía en toda mi vida. Era muy gruesa y larga, curvada en forma de media luna. La ...
    ... toqué, estaba caliente, latiendo como un corazón desesperado. Sus venas cruzaban el tronco como si estuviera casi a punto de reventar. Empecé a masturbarlo con torpeza y con culpa; me acordaba de Antonio, de mis hijas, de mi vida… Pero no podía parar. «Qué dirían en el pueblo si supieran que Carmen, la mujer de Toñete el mecánico, estaba masturbando al sátiro del alcalde».
    
    —Así… así me gusta… —jadeó—. Qué buenas manos tienes, Carmen.
    
    Y yo, por un momento, olvidé quién era.
    
    —Déjame que te chupe las tetas… Así me correré antes, te lo juro —susurró con la voz áspera, casi implorando, como si lo necesitara más que el aire.
    
    Antes de que pudiera contestar, ya tenía la boca encima. Me apartó los tirantes del vestido, me subió el sujetador y se lanzó como un animal hambriento. Me las devoraba. No hay otra palabra. Su boca era urgente, húmeda, casi violenta. Me mordía suave, me lamía como si se le fuera la vida en ello.
    
    Mis pezones se endurecieron al instante, traicionándome. Yo gemí, bajito, porque no podía evitarlo.
    
    —Tienes unas tetas de puta madre… —murmuró con la boca llena—. Qué ganas de clavártela acá mismo. En medio de toda esta mierda. Te aseguro que no eres la primera señoritinga casada que viene a veranear de la capital, y me la follo aquí. Las casadas siempre sois las más putas.
    
    Yo temblaba. No solo de frío. Era otra cosa. El vértigo, la adrenalina, la conciencia de estar haciendo algo sucio, algo que jamás había hecho… y que, sin embargo, me estaba ...
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