1. La Puta del Sr. Alcalde


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Deva Nandiny, Fuente: TodoRelatos

    ... gesto, sucio y autoritario, me arrancara de la piel todo lo que creía ser.
    
    —Mírate —añadió, apretándome el culo con fuerza—. Ya no eres tan señora como hace un rato; aquí estás, sin bragas, con las piernas abiertas, temblando por una polla.
    
    Yo solo gemí. Porque ya no tenía palabras. Solo cuerpo.
    
    —Estás más caliente que una puta. ¿Cuánto hace que no te follan de verdad?
    
    Yo cerré los ojos. Y no respondí. Porque, aunque no lo quisiera reconocer, esa pregunta me taladró el alma. Porque quizás tenía razón. Porque, en ese momento, pensé que muy probablemente Antonio nunca me había follado bien. Solo esa mano grosera. Solo ese aliento en mi nuca. Solo el temblor de una mujer que, por primera vez, se rendía a la traición con el cuerpo entero.
    
    —Abre las piernas, Carmen —ordenó con la voz ronca.
    
    Y yo las abrí. Porque ya no podía decir que no. Porque el deseo me ardía entre las piernas y me nublaba cualquier pensamiento.
    
    Noté cómo me apartaba los labios con los dedos. Un roce brusco, impaciente. Luego la punta caliente de su polla, buscando el centro exacto. Me agarré a la pared, y en un solo empujón, me la metió entera.
    
    Grité.
    
    —¡Ahhhh…!
    
    No de dolor. De algo más feroz. Como si me partiera por dentro algo que llevaba años dormido.
    
    —Joder… —gruñó él—. ¡Qué coño más apretado tienes, hija de puta…!
    
    Me follaba sin piedad. Con embestidas fuertes, rítmicas, animales. Me sujetaba por las caderas como si me fuera a arrancar la pelvis. Cada golpe me empujaba ...
    ... contra la pared, me hacía gemir, me hacía más suya.
    
    —Así me gusta, zorrita —decía al oído—. Que te corras como una perra. Que te olvides de tu marido y te entregues de verdad.
    
    Y me corrí.
    
    Me corrí como nunca en mi vida. Como si me arrancaran el alma por el coño. Las piernas me temblaban. Me corrí gritando su nombre, pidiéndole que me diera con más fuerza. Que me la metiera más adentro. Entre alaridos salvajes y liberados. Fue un orgasmo que me nació de dentro. Que no entendía de moral ni de culpa.
    
    Y él siguió. No paró.
    
    Hasta que lo noté tensarse, apretarme más fuerte, gruñir como un toro de casta.
    
    Y se corrió dentro de mí. Con un rugido sordo, casi brutal. Se corría como quien descarga años de deseo contenido, como quien se folla a una mujer casada y sabe que ella no volverá a ser la misma.
    
    Nos quedamos así. Jadeando y sudando. Pegados el uno al otro. Con el silencio roto solo por nuestros cuerpos exhaustos.
    
    Y yo supe que ya estaba hecho. Que, pasara lo que pasara después… aquello ya me había cambiado para siempre.
    
    Él se fue primero, con esa naturalidad con la que hacen las cosas los hombres que no temen a la culpa. Alegó que era mejor así. Que no nos vieran juntos a esas horas. “Ni las ratas deben de andar ya por el pueblo”, dijo con una media sonrisa, subiendo la cremallera como si nada. Ni un gesto de ternura ni de complicidad; tal vez fuera mejor así.
    
    Yo me quedé un instante más, intentando recomponerme. Cuando llegué al asfalto, me descalcé y ...