1. LNE (11). Ungüento de colibrí


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... propiedades... descontracturantes. Y sirve como lubricante, bálsamo labial y repelente de lagartijas.
    
    —¿Estás seguro de que esto es legal?
    
    —Nada que ocurra en un monasterio cartujo vegano puede ser ilegal. Es un principio del karma. Además, te juro que leí sobre esto en una revista.
    
    Cristina respiró hondo. Se preguntó si Buda alguna vez tuvo estos problemas. O si simplemente los negaba hasta disolverse en el nirvana.
    
    —Voy a fingir que esto es un tratamiento ayurvédico. —Le lanzó una mirada dura—. Pero si me tocas con intenciones impuras, te despiertas mañana sin dedos.
    
    —Entendido. Profesionalismo ante todo —dijo César, mientras se embadurnaba los dedos con el “ungüento místico”.
    
    Lo que siguió fue una coreografía insólita entre el yoga, el chamanismo y un sketch perdido de algún especial de nochevieja no apto para menores. Cristina, en un estado entre la rendición espiritual y el colapso nervioso, gritó de forma profunda mordiendo la almohada de lana, al sentir los dedos de César profanar la tensísima angostura de su ano, contraído de miedo inconfesable.
    
    En algún lugar, una monja dejó caer su tazón de arroz.
    
    —¿Lo has sentido? —susurró César, con ojos divertidos—. Ha sido como si… el universo contuviera el aliento contigo.
    
    Cristina jadeaba, sudorosa, como si acabara de correr una maratón por el desierto de Marruecos… en un traje de neopreno. Su respiración era errática, su camisón remangado hasta más arriba de la cintura se le pegaba al cuerpo como ...
    ... si el lino hubiera decidido unirse a su crisis personal, y lo peor era que a pesar de tener dos dedos de César hundidos hasta el segundo nudillo en su culo, su intestino seguía bloqueado como una puerta giratoria con pánico escénico. Sólo que ahora además dolía.
    
    —Esto va a sonar raro —dijo César —, pero tienes que relajar las nalgas y el culo, y pensar en la palabra “Fluir”. Hazme caso.
    
    —¿En serio? ¿“Fluir”? Me siento como un embalse inestable —gruñó Cristina mientras se recolocaba gateando despacio, como quien se entrega al destino y a una decisión que claramente será motivo de análisis en terapia.
    
    César se colocó detrás de ella con la solemnidad de un técnico de laboratorio que va a manipular uranio. En una mano tenía el famoso ungüento místico del colibrí, y la otra masajeaba el esfínter de Cristina con cuidado, en círculos, ensanchándolo despacio. Tenía la polla dura como el cerrojo de un penal. Su sonrisa lobuna decía: “Estoy listo para cambiar vidas. O al menos desatascarlas.”
    
    —Voy a entrar en tu… aura. De forma simbólica —dijo, mientras movía sus dedos con cuidado dentro del culo de ella, derramando más ungüento y esparciéndolo con movimientos circulares que habrían sido románticos si no estuvieran localizados donde estaban.
    
    Cristina contuvo un gemido, no de placer, sino de extraña incertidumbre lubricada. Su mente intentó escapar imaginando cosas: nubes, nísperos, la declaración de la renta. Pero su cuerpo decía otra cosa. Su culo, concretamente, decía: ...
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