1. LNE (11). Ungüento de colibrí


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... No va a ser fácil.
    
    Y no lo fue.
    
    ***
    
    El primer instante fue confuso. Cuando la polla de César consiguió, tras varios intentos, quebrar la primera barrera de su ano sellado a cal y canto, fue como si su cuerpo, tras días de represión intestinal, no supiera cómo interpretar esa oleada de estímulos. Cristina sintió algo parecido a un estornudo doloroso e incómodo… pero situado en el lugar menos nasal de su anatomía.
    
    Era una presión tibia, intensa, machacona, como si su recto hubiera sido elegido como canal de nacimiento para una nueva era espiritual. No era solo físico, era mental. Ancestral. Era como si toda la quinoa no digerida de sus errores pasados hubiera decidido salir en procesión hacia la redención.
    
    —Ay… Virgen del tránsito… duelee…—susurró, gimiendo con los dientes apretados.
    
    Cada movimiento de César, sutil, paciente, pero tenaz, enviaba pequeños latigazos de picor, tensión y una punzada de goce culposo que Cristina no sabía cómo catalogar. No era sexual. No del todo. Era más bien... médico con efectos secundarios cuestionablemente agradables. Ligeramente doloroso. Pero placentero, a su manera.
    
    —Siento… una especie de fuego frío —jadeó ella—. ¿Esto es normal?
    
    —Estás cruzando el portal… algunos lo llaman “el anillo del ego” —murmuró César con voz de chamán en ayuno, sin dejar de encularla despacio, metódico, dominante –. Otros, “el ojete hermético”
    
    Entonces, como si un resorte oculto hubiera sido liberado, algo crujió en lo profundo de su ...
    ... ser. No literal, claro. Pero el alma de Cristina emitió un quejido, y su cuerpo lo siguió con un espasmo que hizo temblar el jergón y crujir el camastro entero. Un zumbido eléctrico recorrió su espina dorsal. No literal, pero tampoco no-literal. Era como si los ángeles del sistema digestivo hubieran encendido una linterna dentro de ella y estuvieran buscando una salida. Era como si sus ojos, sus tres ojos se hubiesen abierto y estuviesen viendo el futuro. Y el futuro decía:
    
    -Corre.
    
    Cristina soltó un sonido que no encajaba con ninguna vocal conocida. Era una mezcla entre el gemido de una ballena y el suspiro de una anciana al encontrar por fin el tupper perdido.
    
    Y entonces...
    
    Liberación.
    
    Una pequeña, discreta nota musical del inframundo se coló en el aire, como una flauta dulce mal afinada. No fue escandalosa. Fue casi elegante. Minimalista. El estallido de un diminuto globo conceptual. El tipo de sonido que haría un alma saliendo de su envoltorio por la salida de emergencia.
    
    Cristina se puso en pie de un salto, con la dignidad de un ciervo recién nacido y la desesperación de quien ha activado una cuenta regresiva fisiológica, y salió corriendo del cuarto como si le persiguiera un ejército de monjes armados con enemas goteando infusiones laxantes. Su camisón ondeaba tras ella como una bandera de guerra. Cada paso era una súplica. Cada escalón, una amenaza. Pero también, cada zancada era un triunfo. Porque por fin, por primera vez en cuatro días, algo se movía ...