1. LNE (11). Ungüento de colibrí


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... dentro de ella.
    
    Y tenía prisa.
    
    César, solo en la celda, contempló el ungüento en sus manos.
    
    —Me llamaban loco… —dijo en voz baja — Pero hoy he forjado una leyenda.
    
    ***
    
    Cristina caminaba descalza entre los limoneros del claustro, con su aire de película francesa en cámara lenta. César la siguió, sin quererlo. O queriéndolo más de lo que admitía.
    
    -Lo de ayer… - empezó él, en voz baja.
    
    -Nadie habla de lo que pasó ayer. Nunca. Jamás.
    
    -¿Ni siquiera…?
    
    -Nunca. Jamás.
    
    Pasearon en silencio, hasta que Cristina habló sin mirarle.
    
    —Este sitio me altera —dijo ella.
    
    —¿Porque te calma?
    
    —No. Porque me recuerda lo que evitamos decir.
    
    Se sentaron bajo un árbol.
    
    No se tocaron. No se besaron. Solo se miraron. Con una intensidad insoportable.
    
    —¿A veces no te gustaría parar el tiempo y vivir dentro de una conversación? —preguntó él.
    
    —Sí —respondió—. Pero solo si es con alguien que valga la pena.
    
    Él no le ofreció su mano.
    
    Ella no la tomó.
    
    Ni apoyó la cabeza en su hombro.
    
    Simplemente permanecieron allí. Sin decir más. El limonero vibraba. O quizás era solo el peso del silencio contenido.
    
    ***
    
    El resto de talleres del retiro fueron, como era de esperar, un delirio absoluto. La “Danza de autoafirmación somática” consistió en Marisa bailando con una cinta de aerobic de 1987, recitando pasajes del Mahabharata.
    
    La “Autodefensa emocional a través del mimo expresivo” en realidad se trató de duelos de miradas en los que Bea ...
    ... consiguió eliminarlos a todos sin parpadear en toda la sesión. Incluso consiguió rendir a Lluvia, cuya mirada cargada de significado y caída de pestañas gozaba de justa fama en todo el colegio.
    
    Finalmente, el retiro llegó a su fin. La hermana Malgorzata les reunió en el claustro, y pronunció un breve discurso.
    
    —El retiro ha sido... interesante. Hemos tenido visiones, despertares y tres inspecciones de Sanidad. Ahora, tenéis mi permiso para regresarm Y llevad la buena nueva con vosotros. Y algunos folletos.
    
    En el autocar de vuelta, Lluvia se levantó de su asiento junto a Marcos y se sentó al lado de César, cuyo asiento contiguo estaba extrañamente vacío.
    
    —¿Te ha servido de algo todo esto? – la joven tutora sonrió, causando un minúsculo pero aterrador terremoto en su cordura.
    
    —Creo que sí. He descubierto que tengo emociones. Y alergia al pan ázimo.
    
    Le recompensó con una risa calmada, como si un carillón oriental se agitase en el jardín de su garganta.
    
    —Y yo que pensaba que eras puro ego disfrazado de ironía.
    
    —¿Y ahora? ¿Qué piensas?
    
    —Ahora creo que eres puro miedo al compromiso disfrazado de chiste. Pero me caes mejor.
    
    César se sonrojó.
    
    -¿Sabes una cosa? No se puede vivir pensando que los besos que damos son oportunidades perdidas. Piénsalo.
    
    -Es la primera vez que hablas sin utilizar vocabulario new age. Tú también has cambiado.
    
    -Lo único permanente es el cambio, César. Pero no esperes que todo suceda como quieres. Aprende a querer lo que ...