1. LNE (11). Ungüento de colibrí


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... las vías secundarias, los accesos restringidos. Nunca el camino fácil. Siempre la puerta trasera. ¿Y si el deseo anal no fuera más que el deseo de ver el reverso de las cosas? De entrar donde no se espera entrada. De decir: ‘yo también merezco estar aquí, aunque sea de forma lateral y con vaselina emocional’?”. En el fondo, puede que no sea sexo, o deseo, o placer. Puede que sea semántica. Política. Topología. El ano es lo que nadie quiere nombrar pero todos tenemos. Como el miedo. Como los secretos. Como los memes del horóscopo de Marisa. Es lo marginal que sostiene el centro. El silencio en mitad del grito. Tal vez por eso me gustan las mujeres complejas. Las que se sientan contigo a hablar de Nietzsche mientras preparan infusiones que te hacen ver colores nuevos. Las que no te ofrecen su cuerpo, sino un enigma. Una rendija simbólica por la que colarte, como un invitado no deseado. Un parásito. Y luego está lo práctico. Lo clínico. Lo casi ridículo. ¿Quién diseñó este cuerpo? ¿Por qué todo lo esencial está tan mal organizado? Como si Dios hubiera tenido prisa. Como si dijera: ‘Bah, ya lo entenderán con los años. O con terapia’. Yo no sé si deseo tanto el cuerpo de mi pareja, sea quien sea, como deseo comprender su arquitectura. Lo oculto. Lo que da vergüenza. Lo que se nombra bajito. Tal vez eso sea el verdadero erotismo: encontrar belleza en el pliegue, en la grieta, en la parte trasera del alma.
    
    Carraspeó, aclarándose la garganta, mirando al suelo.
    
    -O igual ...
    ... solo necesito vacaciones. Largas. Lejos de todos.
    
    ***
    
    A la mañana siguiente, el monasterio se despertó en silencio ritual. Nadie podía hablar, fuera de los talleres especiales en la sala capitular, para así poder escuchar la voz interna y el ritmo circadiano de la tierra. Eran palabras textuales, y nunca mejor dicho, de Lluvia, que todos pudieron leer en el cartel que apareció en las mesas del frugal desayuno de leche, pan y ciruelas.
    
    El resultado fue una batalla de notitas manuscritas, gestos interpretables y ataques sutiles. Inés, que se negaba a comunicarse incluso por señas, se convirtió en una esfinge impenetrable. Marian se encerró en la capilla con su cuaderno y un libro. Marisa jugaba con los cristales y las runas, fastidiada por no poder comunicar sus lecturas. Cristina se entretuvo en el jardín haciendo katas con gesto de angustia sensual.
    
    Jorge había montado un pequeño mercado negro de mensajes escritos en papel reciclado. César compró tres con monedas de chocolate.
    
    Uno de ellos decía simplemente: “Te vi mirando a Lluvia. Todos te vimos. Relájate.”
    
    La paz se rompió cuando Luis, aburrido, encendió un altavoz portátil y puso durante horas cantos espirituales africanos a la hora de la siesta. Al llegar a las cinco y media de la tarde, tras tres horas de tambores y timbales y ritmos tribales obsesivos, Pilar gritó. Todos gritaron. Se declaró el primer motín energético del retiro. Se dijeron cosas. Se rompieron otras. Unas pintadas (“nos manipulan con ...
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