1. LNE (11). Ungüento de colibrí


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... con glaseado corporal.
    
    Bufó. Goteó. Vibró.
    
    —Creo que acabo de entender qué es el desapego —susurró ella, apoyada aún en la pared.
    
    —Pues yo me he pegado a ti con bastante devoción.
    
    Ambos rieron. En voz baja. Porque en ese monasterio, hasta la risa tenía que ser biodegradable.
    
    ***
    
    Más tarde, de camino a su celda, César se perdió y se halló deambulando sin rumbo por el monasterio. La mente le bullía. Quería aire, o un pepito de ternera y una cerveza, o una señal del universo. Y se topó con la puerta entreabierta del cuarto de duchas, una de las escasas concesiones del monasterio a la modernidad.
    
    La habitación estaba saturada de vapor, olor a eucalipto y una luz tenue, casi líquida. Y allí, en el centro, entre toallas blancas y columnas románicas adaptadas al turismo rural, estaba Lluvia, de espaldas.
    
    Desnuda.
    
    Su cuerpo era como una contradicción andante: pequeño y poderoso, de curvas intensas en un marco bajito y solo frágil en un primer vistazo. El cabello oscuro le caía como una cascada negra hasta la mitad de la espalda, y la piel, humedecida por el vapor, brillaba como porcelana caliente.
    
    César se quedó paralizado.
    
    Ella se giró con calma. No se tapó. Le miró directamente a los ojos, como si estuviera contemplando una estatua en un museo al que ella misma había dado nombre.
    
    —¿Has perdido algo, César?
    
    —Sí —respondió él, sin pestañear—. La compostura. Y la soledad serena, para siempre.
    
    Lluvia sonrió, caminó despacio hacia una toalla, ...
    ... la envolvió a su alrededor sin prisa, consciente. Dolorosamente consciente.
    
    —Te daré diez segundos para salir y fingir que esto no ha pasado —dijo—. Pero sabremos que ha pasado.
    
    —¿Y si… me quedo?
    
    —Entonces te tocará enfrentarte a lo que no estás preparado para recibir.
    
    —¿Y tú sí?
    
    Ella se encogió de hombros.
    
    —Yo nací en una comuna nudista. Estoy entrenada.
    
    Salió con paso firme, elástico, apartándole con una naturalidad aplastante. César, que sentía que todos los sistemas de su cuerpo se habían reiniciado, apoyó la cabeza contra la pared, agradeciendo el frío en la frente.
    
    ***
    
    Al día siguiente, se impartía una clase muy especial en la Sala de Meditación del Monasterio, el antiguo almacén de grano con aroma a incienso y trufa blanca vencida. Un cartel escrito con caligrafía primorosa lo había rebautizado como Santuario del Despertar del Propósito.
    
    Marisa estba impartiendo su taller "Erotismo Planetario y Respiración Alquímica", vestida con un kaftán translúcido y sandalias biodegradables. Frente a ella, el único invitado, Iván Lubomír, el apicultor eslovaco de metro veinte con porte de chamán y una mirada tan densa como su propóleo.
    
    —Tu aura está congestionada —susurró Marisa, pasando una pluma de pavo real por el cuello de Iván, que tembló incontrolablemente.
    
    —Quizá necesaria… limpieza energética intensa —respondió él, inclinando la cabeza de forma ligeramente indefensa.
    
    La tensión era tan espesa que podría untarse en pan. Justo cuando ...
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