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LNE (11). Ungüento de colibrí
Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... Marisa alcanza su cuenco tibetano con intención de "subir la vibración", entró Cosme sin llamar, dando sorbitos del termo que según él contenía de caldo de huesos, pero que todos sabían era agua de fuego de marca blanca. —¿Esto es la… sala del contrato álmico o el… cónclave de aromaterapia para el ego? —Es mi taller de… terapia vibracional —dijo Marisa, roja como su pelo, tapándose como podía. —Pues vibrad con la puerta cerrada, que se os oye desde el comedor. *** Entre los múltiples talleres del retiro, uno ha causado inquietud: “Canto Gregoriano Aplicado a la Crianza Respetuosa”, dirigido por una ex monja que anteriormente había sido coach vital en Ibiza. La idea era cantar en familia para fomentar la sincronía espiritual. Durante las prácticas, la monja se ausentó para, en sus propias palabras, recalibrar sus líneas de presión mediante ejercicios de respiración sincopada, Martina y Luis no pudieron evitar dar rienda suelta a su creatividad en su celda. Martina se apoyó sobre el camastro románico, desnudando sus generosas nalgas, y Luis, detrás de ella, dejó los pantalones a media asta y la dignidad en suspenso, mientras su mujer le miraba con una mezcla de deseo y condescendencia. —¿Recuerdas lo que nos dijo la terapeuta? —susurra Martina— “Soltad las malas resonancias por la vía posterior…” —Estoy vibrando en octava baja —dice Luis, mordiéndose el labio. Colocó su verga sobre el ano de su mujer, que se abría y cerraba en un guiño ...
... impaciente, y con esfuerzo encomiable la enculó con fuerza. -¡Ay! ¡Percutus anus! -¿Qué? – balbuceó Luis, transido de placer. -¡Estoy llamando a mi expecto patronum! *** Marcos, el modelo escolar de padre que parecía encargado por catálogo por el colegio para presumir antes las visitas, se sentó junto a Lluvia en el borde de una fuente octogonal que no manaba agua, sino piedrecitas con mensajes escritos a mano. —¿Sabes que todo esto me da ansiedad? —dijo él, con una sonrisa perfecta en su mentón cuadrado y varonil, con un mechón de pelo castaño escapando con encanto rebelde de su flequillo. —Eso es bueno —respondió Lluvia, colocándole una piedra en el pecho que decía “Desapego sexy”, y demorándose apenas un momento más de lo debido con los dedos en su torso, bien torneado a través de su camisa informal. El silencio entre ellos se volvió… peculiar. Una tensión suave, flotante, como si ambos estuvieran bailando con las palabras que no podían decirse, y la mirada de los ojos grises de ella batallase en silencio con los ojos de miel oscura de él, tan expresivos y almendrados. —¿Puedo preguntarte algo raro? —murmuró Marcos. —Siempre. Desde que llegué al colegio, es mi especialidad. -¿Aunque pudiera sonar … inapropiado? La risa de Lluvia era de las que inspiran versos turbios a los poetas. -Son la mejor clase de preguntas. Y nadie me obliga a responder. —¿Crees que las almas perseveran en el error? —Solo cuando no se atreven a besarse a ...