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Mi primera vez
Fecha: 13/08/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos
... nervios que por técnica. Cuando por fin salí del agua, ya no había nadie más. Caminé hacia los vestidores, sintiendo cómo se me pegaba el traje de baño en cada paso. El pasillo olía a humedad, a jabón, a piel caliente recién bañada. Y entonces lo vi. Simón estaba bajo una de las regaderas, de espaldas. El agua resbalaba por su espalda musculosa, bajando por la curva perfecta de su cintura hasta… hasta eso. Su trasero. Redondo, firme, naturalmente provocador. Y completamente desnudo. Me detuve. No podía evitarlo. Sentí cómo se me tensaban los hombros y algo más abajo. Tragué saliva. Caminé hasta otra regadera, fingiendo que no había visto nada, aunque el corazón me latía con fuerza. Me quedé en trusa. Me enjuagué como si pudiera ignorar todo lo que acababa de ver. —¿Neta nunca te vas a enjuagar aquí completo o qué? Ya has de estar todo mosqueado —dijo él, riéndose. —Me da pena —dije. Mi voz sonó floja. Como si no me saliera bien la mentira. —¿Pena de qué? —Nunca me he… ya sabes. Desnudado frente a alguien. Simón se tomó un segundo. —Si ese es el problema —dijo con tono más suave—, me doy la vuelta. No te veo. Y lo hizo. Giró, quedándose de espaldas otra vez. Yo dudé. Pero por dentro… sabía que quería hacerlo. Tomé aire. Bajé la trusa. Lento. El aire frío me tocó todo el cuerpo. Y me quedé ahí. Desnudo. Vulnerable. El agua cayendo. Las piernas flojas. El corazón latiéndome entre las ...
... costillas. De pronto, sin aviso, Simón se volteó. —¡Oye! ¡Qué tramposo eres! —grité, llevándome las manos al frente, cubriéndome a toda velocidad. Él se soltó riendo. Pero yo ya lo había visto. Aunque fuera solo un segundo. Su cuerpo, mojado, desnudo, entero. El vello oscuro y corto del pecho bajando en una línea por su abdomen hasta perderse entre sus piernas. Su miembro, colgando con naturalidad, grueso incluso en reposo, rodeado por un pubis bien recortado, con esa textura húmeda que lo hacía ver más intenso. Los testículos colgaban pesados, relajados por el calor del agua. No era vulgar. No era exagerado. Era… perfecto. Y yo, con las manos apretadas en mis partes, sin saber a dónde mirar. —Tramposo —le dije de nuevo, ya sin fuerza. —¡Te dije que era broma! Pero reaccionaste rápido, ¿eh? Se acercó. Paso a paso. Sin apuro. Y sin dejar de verme. Yo temblaba. Por dentro y por fuera. —Bruno —dijo, bajando la voz—… ¿hasta cuándo? —¿Hasta cuándo qué? —Hasta cuándo nos vamos a hacer tontos. Sus ojos brillaban distintos. No era juego. No era burla. —Desde el primer día que te vi, me gustaste. Y no por lástima, ni por ternura. Me gustaste de verdad. Quería estar cerca. Hablarte. Verte. Yo no sabía qué decir. Solo lo escuchaba. Y cada palabra me hacía sentir menos miedo… y más deseo. —Y tú también, Bruno. No me lo niegues. Lo siento. Lo veo. Se detuvo frente a mí. Cerca. El vapor de su ...