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Mater amantísima (1)
Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Pancho Alabarde, Fuente: CuentoRelatos
... si lo vas a romper por mi culpa- Yo recompuse como pude la compostura y le dije que no, que hacía unos meses que había roto el voto de castidad. -Cuesta un imperio mantenerlo y he llegado a la conclusión de que el mundo no será mejor por abstenerme de tener relaciones sexuales ni peor por follar cuando se den las circunstancias. Lo de las relaciones sexuales es un hecho trascendental en la evolución de la humanidad, pero El Vaticano está obsesionado y ve pecado donde sólo hay deseo de perdurar y de evolucionar, los he mandado a paseo- Ella se alegró de la noticia y me animó a que recuperara el tiempo perdido, justo, justo lo mismo que yo venía planeando desde hacía unos meses. Mi madre terminó de arreglarse y cuando estuvo lista me invitó a que bajásemos a la recepción, donde nos esperaba mi hermana. Obviamente estábamos en la misma habitación y yo no perdí detalle al ver vestirse a mi madre, elegante, glamorosa, seductora, aunque tampoco se me despistó un pequeño detalle y se lo dije: -No llevas bragas- Ella me miró pícaramente, me guiñó un ojo y no dijo nada. Salimos de la habitación del brazo y estoicamente esperamos a que llegase el ascensor. A mí esta situación nuevamente me estaba poniendo revolucionado. Yo del brazo de una mujer de bandera y ella sin bragas, bueno, era mi madre, pero joder, joder como me estaba poniendo mi madre. Llegó el ascensor, nos metimos dentro y sencillamente me abalancé sobre ella. La besé en la boca, le metí atropelladamente mi ...
... lengua en su boca y nada más encontrarme con su suave y ensalivada lengua comenzó un auténtico recital en su boca. Nuestras lenguas se entrelazaban, se buscaban ansiosas, se encontraban y se estrujaban, se separaban recorriendo aventureras las oquedades de la boca y nuevamente se buscaban para fundirse entrelazadas en un beso interminable, bueno, quizás no tan interminable, porque el clic del ascensor nos anunciaba que el viaje había terminado. Dicen que un momento puede valer toda una vida, créanme, para mi este escaso minuto dentro del ascensor con mi madre me recompensó sobradamente de las mil y una carencias de mi infancia, me sentía pagado, me sentía hechizado… me sentía en una nube. Y por sentirme, me sentía empalmado al salir del ascensor. Traía una erección de cuidado. Mi madre se dio cuenta y se colocó delante de mí para tratar de disimular lo indisimulable y empezó mi calvario. Presentaciones, saludos, abrazos. Joder ¿ustedes han experimentado en carnes propias lo difícil que es abrazar a un desconocido empalmado?, ¿O acaso han experimentado lo embarazoso que resulta abrazar a una distinguida dama de la mejor sociedad sin poder evitar restregarle su empalmadísimo pene entre sus muslos?, pues eso, que así, en esa penosa situación discurrió el acto de presentación de las familias de los contrayentes. Los novios eran el foco de atención, yo la pieza más codiciada de la reunión, pero desde luego la estrella indiscutible era mi madre. Me sentía como El Graduado y ...