1. Mater amantísima (1)


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Pancho Alabarde, Fuente: CuentoRelatos

    ... la Señora Robinsón, todos querían saludarme y proponerme un negocio fabuloso, pero mi madre era un derroche de glamour, me miraba, se me insinuaba, se reía, se hacía la despistada, pero no dejaba de seducirme. Nos sentamos a la cena y mi madre me quedaba muy lejos.
    
    Yo en una mesa entre pollitas ñoñas y señoritos andaluces, de mucha fachada y pocos cimientos, mi madre entre respetabilísimos prohombres de la sociedad andaluza y enjoyadas damas que saben pero que callan, como mi madre en sus peores años, como mi padre en sus peores años, pero no ahora, a ambos les miraba de reojo y ambos me parecían personas dignas.
    
    Y la velada dio para poco más, de modo que después de horas de charlas entre unos y entre otros, mi madre me vino al rescate y me propuso irnos a la cama porque según decía -Mañana será un día largo-. Mañana no sé, pero esta noche sí que me parecía a mí que iba a ser larga.
    
    Cuando entré con Cayetana, mi madre, en el ascensor de regreso a la habitación 304 llevaba una calentura de cuidado. Me obsesionaba desde que salí de la habitación el hecho de que mi madre no llevase bragas, de modo que comprenderán mi torpeza y falta de tacto al meterla directamente mano a su entrepierna. La encontré receptiva, ligeramente mojada, y razonablemente caliente, pero Cayetana se mantenía serena y seductora. Se dejó meter mano, se dejó sobar el culo, se dejó sobar las tetas, pero mantuvo la distancia, justo, justo hasta entrar en la habitación y quedarnos solos, madre e ...
    ... hijo frente a frente.
    
    Ahí se tornaron los papeles. Yo la cogí en mis brazos y la deposité con suavidad, con ternura en la cama. La desvestí con delicadeza, ella me desgarro la camisa a jirones, yo busqué sus labios para besarlos, ella los míos para morderlos de rabia, de pasión, de fogosidad, yo quería recuperar las caricias perdidas, ella sencillamente quería purgar a lo bestia los años de desencuentros. Lo nuestro no fue follar, fue desquitarnos. Me subí encima de mi madre y casi sin darme cuenta se la metí. Ella no daba crédito a lo que estaba pasando, pero se entregaba apasionadamente.
    
    Yo apenas sabía lo que era follar pero aprendía rápido, no había sido consciente hasta ahora de que follar fuese tan jodidamente satisfactorio, porque de saberlo habría mandado a mi congregación a los infiernos hace años. Cabalgué toda la noche encima de la diosa Cayetana, caímos exhaustos y rendidos por el sueño, pero no se la saqué, cayó la erección, pero no mis ansias de poseerla, de modo que se la tuve metida toda la noche.
    
    Al día siguiente, el día de la boda, en efecto fue un día largo. Yo estaba rendido, pero cumplía excepcionalmente mi papel. Entendí la suerte de varas en las corridas de toros, yo estaba picado de tal suerte que lo bordé, pero como a eso de la media tarde empezó a fraguarse en mi cabeza una idea que me atormentaba desde hacía meses. Nunca había practicado sexo oral y la sola idea de poder hacerlo algún día fue el desencadenante de desembarcarme de la orden ...
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