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El apodo secreto
Fecha: 20/08/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Voy en el metro, sentado con la cabeza llena de cosas. Las luces pasan rápido, como si fueran fantasmas afuera de la ventana. El tren suena metálico, constante, y de alguna forma ese ruido acompaña lo que pienso. Es martes, pero la ciudad anda con cara de domingo. Me bajo en la estación del centro y me voy directo a los baños públicos del pasaje de San Eloy. No porque lo necesite, sino porque siempre termino ahí. Manías raras, supongo. Me gusta el lugar, huele a lejía y óxido, como si el tiempo no pasara del todo. Me miro en el espejo viejo, el que está medio roto y lleno de manchas. Me quedo quieto un momento. Me desnudo. La adrenalina me sube por todo el cuerpo. Me apoyo contra la pared y me sigo mirando. Esas manchas del espejo parecen como si fueran los pecados pegados a mi piel. Me gusta ver eso, tratar de entenderme. Tenía una cita con Lira y su hijo. Íbamos a cenar. Algo tranquilo, sin drama. Como dejarse llevar por el viento sin oponer resistencia. Me vestí y salí del baño sintiéndome medio raro, pero con el corazón acelerado. La ciudad olía a pavimento mojado y fruta madura. Era como si algo estuviera a punto de pasar. El restaurante estaba cerca. Lo reconocí por la lámpara vieja de cobre y la música suave que salía por la puerta. Ella ya estaba ahí. Lira. De pie con su hijo agarrado de la mano. Era imposible no fijarse en su figura. Pequeñita, un metro y medio a lo mucho, pero no era eso lo que atrapaba. Había algo en ella… no sé, como un misterio ...
... suave que se sentía sin que hablara. Y esos ojos. Verdes. No como pasto, no como joyas. Más bien como los brotes nuevos que salen después de una tormenta. Te miraban como si te estuvieran leyendo desde adentro. Tenía senos medianos, y el vestido le marcaba la cola de una forma que me dejaba sin aire. Lo sabía. Se notaba que lo sabía. Me sonreía con esa mezcla de inocencia y malicia que me volvía loco. Una vez, en confianza, le dije: —Si esto fuera una historia, tú serías la protagonista… y yo, el man que se enamora de tu risa… y de tu culito. En ese orden. Se rio. Esa risa limpia, sin filtro, que me hizo sentir como si todo estuviera bien en el mundo. Desde ahí quedó como chiste interno. Una especie de contraseña entre nosotros. El niño, que tenía como ocho o nueve años, me miraba como si tratara de averiguar qué papel jugaba yo en la vida de su mamá. Le sonreí. Me respondió con una media sonrisa, como aceptando que podía quedarme. —Llegaste justo —me dijo Lira, con esa voz suya que siempre suena rica, como pan caliente. —No sé llegar de otra forma —le contesté, con esa mezcla de chiste y verdad que a veces se me escapa. Entramos. El lugar era cálido, acogedor. No por la luz, sino por cómo todo parecía girar alrededor de ella. Como si el restaurante supiera que Lira iba a venir y se hubiera preparado para eso. Cortinas ocre, lámparas bajitas, el murmullo de fondo, el olor a madera. Pedimos jugos. De mandarina, si no estoy mal. Me acuerdo porque ella ...