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Absolución
Fecha: 20/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Akhanta, Fuente: TodoRelatos
Volvió de la calle, del calor del mediodía tras salir de la iglesia. Sudando, y con la sangre ardiendo, decidió tomar una larga ducha. Cuanto más fría, mejor. No sabía qué se había adueñado de ella para volver a confesarse esa mañana. Sí, había tenido pensamientos inquietantes últimamente, pero ¿realmente eran pecado? Puede que fueran inapropiados, pero ¿pecaminosos? Había ido otros días por el mismo motivo, por ese ansia que la invadía desde hacia unos meses cada vez que le veía. Cada vez que veía al nuevo sacerdote del pueblo. Y en ninguna de esas confesiones había sido capaz de ser totalmente sincera, de abrirse a él del todo y revelar quién era el objeto de su deseo. Sólo explicaba la culpa que la invadía cuando no podía controlar ese sentimiento, callando la parte en la que recurría a mitigarlo en la soledad de su habitación. Pero hablaba con él, y todo volvía a empezar... Abrió la ducha. El agua, deliciosamente templada, empezó a salir con fuerza. Se desvistió, despacio, mientras su mente revivía aquella última confesión. No pudo evitar imaginar que era él quien le quitaba la ropa. La recorrió un escalofrío; su inquietud creció, y entró en la ducha. El agradable tacto del agua la envolvió, y cerró los ojos. Había entrado en el confesionario con un nudo en el estómago. Ya hacía demasiado tiempo que había estado teniendo aquellos… digamos sentimientos que la dejaban confundida y desasosegada. Quería librarse de ellos, y puede que ésta fuera la única forma. ...
... Incluso si iba a ser difícil hablar. Se sentó, hizo la señal de la cruz y empezó sin pensarlo más. -Bendígame, Padre, porque he pecado. Silencio. -Últimamente he vuelto a tener pensamientos pecaminosos y sentimientos por un hombre…– tragó saliva y avanzó -. Un hombre que no puedo tener. -¿Está casado, hija? – la voz del sacerdote sonó, tranquila y grave, en el silencio del confesionario. -Podría decirse así – notó que los ojos se le empezaban a humedecer. Pues empezaba bien. Los cerró -. Simplemente es intocable. Pero algo en mi cabeza y en mi interior se agita cuando está cerca. He intentado sofocar estos pensamientos pero siguen invadiéndome, incluso en mis sueños, y no puedo evitarlos. He rezado, como usted me ha dicho otras veces, Dios sabe que le he pedido ayuda… ¡Daría lo que fuera por no tenerlos! No pudo seguir reteniendo las lágrimas. -¿Es sólo deseo físico? ¿O le amas? -Le amo, y le deseo. No es sólo lujuria, pero no puedo evitar desearle con todo mi ser. -¿Se lo has dicho? ¿Él sabe cómo te sientes? -No le he dicho nada… Dejó caer la bomba. -Hasta ahora. Más silencio. -Entiendo. -Padre, por favor, créame, ¡lo siento mucho! Sé que es pecado pensar en usted del modo que lo hago, usted pertenece a Dios y lo sé, ¡pero no puedo evitarlo! Ya no hacía nada por contener el llanto. Tanto tiempo reteniendo esas sensaciones que ahora la desbordaban… -Cuando le veo en la iglesia se me seca la boca, se me duermen las manos, y me ...