-
Absolución
Fecha: 20/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Akhanta, Fuente: TodoRelatos
... excitado como nunca, atormentado por traicionar aquello que había jurado hacía tantos años… Que cuando se sentaba en el confesionario, al otro lado de la delgada lámina de madera labrada, no podía evitar imaginar cómo sabrían aquellos labios que le hablaban, con voz suave, de fantasías insatisfechas. Que había intentado no fijarse en la ropa que ella llevaba al entrar en la penumbra del edificio, en aquel vestido de verano, modesto pero para él precioso, por lo que escondía debajo; en cómo se le movía la falda alrededor de las piernas cuando caminaba, en el delicado dobladillo de las mangas sobre los brazos que él deseaba alrededor de su cuello. Que cada vez que ella derramaba una sola lágrima, a él le dolía hasta el infinito no poder ser el instrumento de su redención. Todo su cuerpo le pedía arrodillarse ante ella como se arrodillaba ante la Cruz, y convertirse en hombre dejando atrás al sacerdote. Hasta el día de hoy no sabía que él era el objeto de su tormento; el averiguarlo le había llenado a la vez de felicidad y de amargura, pero no cambiaba nada. Al menos ahora podía consolarse en el hecho de que cuando ella se autosatisfacía, pensaba en él. Este simple pensamiento empezó a excitarle de nuevo; ahora podía imaginarla en la amplitud de su cama, explorándose, disfrutando de su amante fantasma… Empezó a caminar por la iglesia hacia la rectoría, inquieto, ante la rapidez con la que se estaba poniendo duro y que le avergonzaba en ese lugar sagrado. Una vez en su ...
... habitación se dejó caer en el sofá, y se permitió evocar en su cabeza a aquella que competía con Dios en su adoración. Tomó aire, dejándolo escapar despacio. Desabrochó el pantalón y se disponía a liberar su pene, duro como una piedra, cuando llamaron a la puerta. Turbado, volvió a abrocharse y se adecentó como pudo para abrir. Y allí estaba ella. Y ella abrió la boca para hablar, pero él la tomó de la mano y la dejó pasar; cerró la puerta, y se quedaron mirando sin saber qué decirse el uno al otro. Ella, avergonzada por haber seguido el impulso de presentarse allí a disculparse por su obsesión; él, sintiendo un torbellino de emociones con las que no podía luchar, ahora no, la prueba a la que se le sometía era demasiado grande. Su olor... Casi temblando, tomó la cara de ella con sus manos, con suavidad, y al ver que ella se dejaba, dócil como una muñeca, rozó delicadamente sus labios. El calor, la cercanía, eran casi insoportables. Ella temblaba también; no podía ser que aquel hombre maravilloso estuviera besándola. Abrió un poco la boca para dejar escapar un pequeño suspiro, y él, animado por ello, dejó entrar su lengua, saboreándola, bebiendo de aquella fuente divina que tanto había ansiado. Se besaron largamente, disfrutando el uno del otro, y las manos de ambos empezaron a acariciar, a explorar, y a sentir… -Padre… - gimió ella entre los besos. -Soy Paul… -Paul… yo…te amo… Él le bajó los tirantes del vestido despacio, sin parar de besar aquella cara que ...