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Absolución
Fecha: 20/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Akhanta, Fuente: TodoRelatos
... idolatraba. Algo muy dentro de él le recordó que estaba acercándose al punto sin retorno; aún no había dañado irreparablemente sus votos, pero iba camino de la autodestrucción. Se separó un momento de ella, con toda su fuerza de voluntad, y la observó, lenta y dolorosamente. Aquel era el templo ante el que tenía que rezar, y ningún otro. Aquel templo de carne, y sangre, y amor…Si eso era pecado, se despediría de su alma. -Perdóname, Padre, porque voy a pecar – susurró, se quitó el alzacuellos y volvió a besarla, mientras terminaba de retirar el vestido. Ella le desabrochó la camisa, con manos ansiosas, y acarició aquel torso que tantas veces había imaginado. Envueltos ambos en un abrazo, piel con piel y sin separar las bocas, empezaron a moverse hacia la habitación del sacerdote. Él la cogió en brazos, casi sin esfuerzo, y la depositó suavemente sobre la cama. Allí volvió a observarla, loco de adoración y sin dejar de sentirse afortunado por tener a aquella mujer dispuesta para él. Ella, por su parte, miraba a aquel hombre perfecto, despeinado, con la camisa desabrochada que la miraba desde arriba, y sólo quería que descendiera sobre ella como un halcón. Fuera, el bochorno del día había dado paso a una tormenta, y escucharon los truenos como gritos de advertencia de un Dios enfurecido… pero no les importó. Él se inclinó sobre ella, todo labios y lengua, descubriendo su sabor, su calor, su firmeza… Se detuvo largamente sobre sus pechos, tan dulces y duros, cada vez más por ...
... la magia de su tacto. Pero no era suficiente; siguió descendiendo, retirando toda la tela que encontraba por el camino, y deshaciéndose de la última prenda casi con cuidado reverencial. Acercó las bragas, empapadas por la excitación de ella, a su nariz, aspirando ese aroma que en breve le inundaría, y las descartó a un lado para centrarse en ese lugar en el que se perdería. Tocó despacio, con un dedo, la separación entre los labios, y los abrió un poco, dejando espacio para su lengua. Como ya había imaginado otras noches, aquello era néctar, que lamió y sorbió como si su vida dependiera de ello. Desde luego, su alma sí. Ella temblaba y se retorcía, apenas incapaz de soportar el placer que él la estaba dando. Sólo podía repetir su nombre… Paul… Él siguió lamiendo hasta que apenas quedó flujo, y procedió a penetrarla con la lengua. Quería su ser más profundo, todo su núcleo; y ella no sabía qué agarrar ni qué llevarse a la boca para no gritar. Cuando a la lengua del sacerdote se le unieron un par de dedos suavemente, sintió que iba a perder la razón, y empezó a mover la cadera hacia él, ayudándole a penetrarla. Él curvó un poco los dedos hacia adelante, rozando la pared rugosa de la vagina en sus movimientos de entrada y salida, una y otra vez, y su lengua salió de allí para detenerse en su clítoris, hinchado y ultrasensible. -Paul…voy a… -Vuela, ángel mío, vuela… - le susurró él entre las profundidades de sus pliegues; y ella voló, como si le hubiera atravesado un rayo ...