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Elda, la instructora de la Sección Femenina (III)
Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... podrían ser eternos, nos volvemos a mirar a los ojos. –Ven, Cándida. Voy a curarte las heridas –me dice Elda mientras me toma de la cintura y nos encaminamos hacia la sala de enfermería. Entonces llegamos. Me señala la camilla. Me siento. Ella sigue de pie, delante de mí. –Abre la boca, Cándida –me ordena. Abro la boca. –¡Joder, vaya herida…! ¡Menudas hijas de puta! –dice, apenada. Se dirige hacia el botiquín y toma un bote con una medicina. Se acerca a mí de nuevo. –Abre… Abro de nuevo. Abre el bote y del tapón sale un diminuto pincel bañado de un espeso líquido negro y me lo unta en la herida delicadamente. Suspiro de dolor. –Calma, ya está. Lo que pica cura. Una vez me ha puesto el líquido en la herida, se dirige de nuevo al botiquín y toma una pomada, que cubre con una pequeña toalla. Se vuelve hacia mí y con sus largos y gorditos dedos me unta bien de pomada el bulto acompañado de una herida que me han hecho en la frente. Tratada la herida, se dirige a un pequeño congelador, toma la bolsa de hielos, la cubre con una pequeña toalla y me la sostiene delicadamente encima del bulto y la herida. –Ten, para ti. Verás como se te alivia –me dice. Me sostengo yo la bolsa. Acto seguido, me mira a los ojos, me besa la frente y me abraza. Al estar ella de pie y yo sentada en la camilla, estando nuestras caras a la misma altura, siento sus grandes y turgentes pechos por debajo de la camisa azul de manga corta con el yugo y las flechas ...
... bordados en rojo y con las condecoraciones de plata, bien pegados a los míos. También sus pezones entumeciéndose al mismo tiempo que los míos, sintiendo ambas el bello roce. Siento de nuevo otra palpitación en mi corazón acompañada de otra contracción en mi estómago. –Ay, mi Cándida… Tan hermosa, tan buena y tan angelical que eres… ¡Tan cándida, tal y como dice tu nombre…! Tan única, tan diferente al resto, tan… ¿Qué haría yo sin ti, mi cielo…? –me dice, alzando ligeramente su tono de voz. Acto seguido, me llena la mejilla de besos. Me siento flotando en el séptimo cielo. Me doy todavía más cuenta de lo enamorada que estoy de Elda y de lo mucho que me dolería separarme de ella. De que he llegado a un punto que mi vida no es vida sin ella. Sin su cariño, sin su voz de sargento enterneciéndose mientras me dedica dulces palabras, sin sus delicadas caricias, sin sus abrazos, sin sus bellos y carnosos labios sellando mi frente y mis mejillas (por el momento), sin su corazón, tan duro en apariencia y ablandándose en mi presencia… Se me empañan los ojos, que empiezan a derramar lágrimas, esta vez de la emoción. La quiero, la adoro, la amo. Tengo sentimientos fuertes hacia ella. Nunca antes había tenido este sentimiento hacia nadie. Tan bello, tan sublime, tan intenso. Después regresamos a su despacho, desayuna su bocadillo y su café y nos ponemos ambas a trabajar como cualquier otro día, a destajo. Doy todo de mí y más. Trabajo por encima de mis posibilidades. Amo tenerla más ...