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Elda, la instructora de la Sección Femenina (III)
Fecha: 01/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... impotencia, mientras les pega una fuerte paliza a ambos al mismo tiempo y a base de jarabe de fuertes patadas, puñetazos y golpes de porra– ¡Como todos los de vuestra ralea, no tenéis ningún honor ni hombría ni vergüenza tenéis nada…! ¡ni los habéis conocido en vuestras putas vidas…! ¡No sois hombres, sois unos perros, unas ratas de cloaca, unos perturbados y unos depravados…! –grita, apretando los dientes coléricamente. De repente, les pega una fuerte patada a los dos en la entrepierna, provocando que peguen un fuerte grito y que caigan al suelo. Y además directamente, ya que tenían los pantalones y demás bajados, lo que debe de doler el doble o el triple. Durante la fuerte reacción de Elda, no han articulado palabra. Las fuertes y rápidas golpizas de Elda nunca dejan margen de reacción. Sin pensarlo un segundo más, Elda se dirige a mí, se agacha y tan solo con la descomunal fuerza de sus manazas, sin necesidad de ningún utensilio, me desprende las muñecas y los tobillos al instante. Me abraza con fuerza sin pensarlo ni un segundo. –Ya estoy aquí, Cándida, cariño mío, ya estoy aquí. Aquí me tienes –me dice, llorando de impotencia y con el desgarrador dolor de a quien le han dañado y ultrajado a lo que más ama. Las dos lloramos abrazadas muy fuertemente. Me besa la frente y las mejillas. Siento su corazón a mil por hora. Transcurridos unos lentos segundos, se dirige de nuevo a los maquis, que continúan en el suelo retorciéndose del dolor. –Y vosotros… ¡Preparaos! ...
... –les grita furiosa, apretando los dientes de rabia. Acto seguido, puedo ver asombrada como con su descomunal fuerza les agarra a los dos de la entrepierna y empieza a caminar rápidamente. Sale de despacho agarrándolos. Me levanto del suelo con dificultad, me pongo el vestido lentamente y la sigo sin pensarlo ni un segundo. Puedo ver como los pasea por el pasillo y como baja las escaleras agarrándoles todavía más fuertemente de la entrepierna, estando ella de espaldas a ellos, sin miramiento alguno. El coro de los gritos de dolor de ambos se escucha por todo el castillo. También bajo yo detrás y puedo ver como los pasea por los pasea por el pasillo del piso de abajo y por el claustro ante la atónita mirada de las alumnas. Después veo como abre violentamente de la puerta y sale del castillo. Salgo yo también detrás de ella y la sigo sin pensarlo pero discretamente. Puedo ver como camina unos metros sin dejar de agarrarles la entrepierna, hasta llegar al borde de un precipicio cercano al castillo. Desde delante del castillo puedo ver como les pega patadas y como seguidamente se saca la pistola del cinturonazo que ciñe su falda negra y como les dispara a cada uno a bocajarro. Una vez muertos, les pega una última fuerte patada a cada uno como a los balones en sus sesiones de Educación Física y les tira por el precipicio. Puedo escuchar desde lejos como grita «¡Dos putos desgraciados menos!». Seguidamente, se gira y se dirige de nuevo al castillo, victoriosa. Entro ...