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Mi nuera la pasa bien
Fecha: 02/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
Soy un hombre de cincuenta y dos años al que siempre le han parecido hermosas las mujeres embarazadas. Estoy separado y actualmente no hay nadie más en mi vida, de manera que la experiencia que les voy a contar es bastante reciente. Ha ocurrido de repente y, dadas las circunstancias, debería sentirme culpable, pero no es así. Acababa de llegar a casa después de un largo día de trabajo cuando sonó mi teléfono. Al mirar el número, vi que era el teléfono de María, la esposa de mi hijo. Los dos tenían bastante carácter, de modo que estaban continuamente discutiendo y reconciliándose. En concreto, la última de sus broncas había sido porque él había aceptado un trabajo en Argentina que lo obligaba a estar allí dos semanas al mes, dejando sola a su esposa. Supongo que se trataba de una gran oportunidad profesional para él, pero, dado el poco tiempo que llevaban casados y el estado de mi nuera, no entendí que mi hijo aceptase aquel trabajo. No obstante, él ya era un hombre que debía tomar sus propias decisiones y yo no pensaba inmiscuirme en sus asuntos, aunque hiciera una solemne estupidez. De todos modos, me había propuesto pasarme de vez en cuando por si ella necesitaba algo, ya que trabaja como informático desde casa y no tiene aquí a su familia. Respondí y, como siempre, sentí que algo se me removía por dentro al oír su voz. Ella es de origen latino y, cuando quiere, puede ser una joven extremadamente sensual y morbosa. A sus veintiséis primaveras, y con tres meses ...
... de embarazo, lo tiene bastante fácil. — Hola, papi —dijo con pereza y erotismo— ¿Qué hacías? María es una chica morena y muy atractiva cuyo delgado cuerpo luce aún mejor a causa del embarazo. Siempre nos hemos llevado muy bien pues a pesar de la diferencia de edad compartimos varias aficiones y tenemos una forma similar de entender la vida, activa, sana y optimista. No fuma, apenas bebe alcohol y nada un par kilómetros varios días a la semana. — Pensar en ti —admití soltando una carcajada. — ¡Guarrindongo! — No, mujer, pensaba llevarte la novela. La Chica Salvaje. Como dijiste que querías leerla. — Oh, vaya —replicó decepcionada—. Ni siquiera usted. — Ni siquiera usted ¿qué? — Pues que se fija en mí con esta barriga. Ahora que es normal, parezco un camionero. Reí de buena gana. — Sí, un camionero con más curvas que una carretera de montaña… Bueno qué dices, ¿te lo llevo? Mi nuera refunfuñó un poco y, como penitencia, me encargó hacerle la compra y que me llevara la caja de herramientas para volverle a arreglar el grifo de la ducha. En privado, hemos flirteado, pero siempre en broma. Yo loando sus numerosas cualidades y encantos, y ella tratándome unas veces de madurito interesante y otras de viejo verde; pero, en cualquier caso, pronunciando sus elogios o reproches poniendo unos morritos de esos que piden polla a gritos y que, obviamente, yo tenía que disimular. Antes de despedirme quise probar suerte y bromeé con la posibilidad de que me ...