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Mi nuera la pasa bien
Fecha: 02/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... llamándome tonto y me llevó al salón. En la encimera había dos copas de vino vacías, una botella de mi vino tinto favorito y un frasquito de zumo de uva. — No me gusta beber sola —indicó encogiéndose de hombros. Nos reímos mucho, y serví una copa para cada una, la mía con vino, la suya con zumo. — Por ti —brindé. — Por nosotros —rectificó ella enarcando las cejas antes de chocar su copa con la mía. Nos habíamos visto la semana anterior, cuando me ofrecí a cortar el césped y repesar los setos, pero nos sentamos y mi nuera me puso al día de las novedades. Ya se le habían escapado un par de reproches hacia mi hijo y tenía claro que María no estaba contenta con él. — Hablé con Alfonso. ¿Sabías que estará fuera el mes entero? Abrí mucho los ojos para aclarar que era la primera noticia que tenía, pero también porque no entendía que ella no estuviese roja de ira. Al contrario, lo había dicho con absoluta indiferencia, como si no le importara lo más mínimo. Ahora que más me sorprendió cuando, haciendo un mohin de tristeza, se echó por sorpresa en mis brazos. —Estoy sola todo el día —sollozó con voz infantil al tiempo que me acariciaba el torso— Si no fuese porque mi madre me pone de los nervios, me iría a casa de mis padres una temporada. Ay, si no fuera por ti… Aunque su perfil de modelo premamá se sentía maravilloso, debí decir algo para prevenir lo que estaba a punto de pasar; porque en cuanto María levantó la vista supe lo que iba a hacer; y sin ...
... embargo, actué por instinto, besando los irresistibles labios que ella me ofrecía. Fue un beso infinito, delicado, de tanteo y exploración al principio, durante los primeros y civilizados intercambios de carne y saliva, pero que, poco a poco, fue derivando a la lucha cuerpo a cuerpo, el pillaje y la conquista, al desenfreno y la lucha por devorar al otro. Nos comimos la boca sin conseguir saciarnos, parando solamente para tomar aire y reír de incredulidad y volver a empezar con la impaciencia y curiosidad de dos adolescentes. — Debería… prepararte… la cena —consiguió articular María. A mí, lo que me apetecía era hacerle el amor, pero la templanza de mi nuera se acabó imponiendo y finalmente nos comportamos como correspondía. Mientras ella sacaba del refrigerador la ensalada y demás que había preparado, yo fui poniendo la mesa. María se había negado a decirme qué era lo que se estaba cociendo en el horno, de modo que cuando sacó la lasaña, me quedé sin palabras. — ¡Mi favorito! — Lo sé. Conseguí sonsacar a tu mujer —se jactó con donaire—. Pero que sepas que comerás lo mismo la próxima reunión familiar. — No importa —aseveré—, para nada. Pero di tu ex. — Claro, claro —conmino—. Porque ahora tu mujer seré yo. Desde luego mi nuera se había esforzado. Incluso había preparado en su altavoz inteligente una playlist de música italiana extraída de las novelas de Federico Moccia. Además, durante la cena el vino ayudó a que el ambiente fuera relajado y la conversación ...