1. Mi nuera la pasa bien


    Fecha: 02/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... preparara la cena esa noche. Para mi satisfacción, mi fascinante nuera aceptó el canje de favores, de modo que no tendría que cocinar, ni acabarme las sobras ni tampoco pedir comida para llevar. Me di una ducha rápida, me puse un polo y salí hacia allí.
    
    Al llegar, María me recibió con un fuerte abrazo y un par de sonoros besos al tiempo que me daba las gracias por ser tan atento con ella, no como el imbécil de mi hijo. De haber seguido mirándome con tan buenos ojos, mi verga habría terminado interponiéndose entre ambos, generando una situación bastante incómoda.
    
    María sería la mujer de mis sueños de contar con veinte años más. Habitualmente llevaba muy poco o ningún maquillaje, salvo por los labios pintados de un rojo muy oscuro, entre granate y marrón, con el que adquirían una relevancia casi obscena, en revalidad con el lunar que tenía bajo la clavícula izquierda. Su cabello lacio y oscuro enmarcaba un hermoso rostro latino.
    
    Lo primero que me extrañó fue que llevara un vestido negro de tirantes finos en lugar de los acostumbrados vaqueros y blusa, y lo segundo, que no llevase sujetador. A consecuencia del embarazo, sus pequeños pechos habían crecido de forma notable, con lo que ahora se veían más imponentes que bonitos.
    
    El peso de su incipiente central lechera ponía a prueba la capacidad del escote del vestido y tensaba los tirantes. Por suerte, tenía hombros de nadadora y sus nuevas tetas le quedaban divinas. De hecho se asomaban al abismo de una forma ...
    ... diseñada para mantener mis ojos pegados a ellos, por lo que enseguida empecé a sospechar que algo raro ocurría.
    
    El raso del vestido se ceñía a la curva de su vientre, dejando incluso adivinar la depresión del ombligo. Encontraba turbador como su abdomen crecía y crecía con el paso de las semanas en detrimento de las reservas de grasa de María, que cada vez estaba más famélica.
    
    Tampoco las medias negras me pasaron desapercibidas sobre sus piernas, firmes y bien torneadas; en cuyos pies, de uñas a juego con su boca, portaba un par de lindas sandalias.
    
    Vamos, que la mujer de mi hijo estaba aún más despampanante que de costumbre.
    
    No le permití ayudarme, con lo cual se dedicó a supervisarme e indicar donde colocar la compra. Después me guió hasta el baño, a mi juicio, meneando el trasero un poco más de lo necesario. Una vez allí, volví a colocar la junta que, al salirse de la acanaladura, hacía que el agua saliese por el grifo y la ducha al mismo tiempo y que era, de lejos, la excusa más frecuente por la que yo solía pasar por allí.
    
    Mientras trabajaba, mi nuera se sentó en la tapa del bidé cruzando las piernas, lo cual me distrajo bastante. Sobretodo cuando al sorprenderme mirando entre sus piernas, las descruzó y volvió a cruzar para dejar claro que el sujetador no era lo único que no se había molestado en ponerse esa tarde.
    
    No pude evitar reírme de aquella escena de película, ni tampoco preguntarle si no iba demasiado fresca. Sólo que entonces Maria me tomó de la mano ...
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