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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... perlada de sudor por el esfuerzo de ir despacio—. Tan perfecta... Cuando finalmente estuvo completamente dentro de mí, ambos nos quedamos inmóviles por un momento, respirando pesadamente, asimilando la magnitud de lo que habíamos conseguido. Me sentía completa por primera vez en años, no solo físicamente sino como mujer. Mi cuerpo, que había temido que fuera demasiado viejo, demasiado rígido, había respondido maravillosamente. —¿Cómo te sientes? —susurró contra mi oído. —Como si hubiera vuelto a casa —respondí, sorprendiéndome a mí misma con la honestidad de la respuesta—. Como si mi cuerpo recordara para qué fue hecho. —¿Puedo moverme? —preguntó, con una ternura que me emocionó. —Muévete —susurré, aferrándome a sus hombros—. Hazme tuya completamente. Y cuando comenzó a moverse, con movimientos lentos y profundos, supe que había recuperado no solo mi sexualidad, sino una parte fundamental de mí misma que creía perdida para siempre. —¿Estás bien? —preguntó cuando estuvo completamente dentro. —Más que bien —gemí—. Estoy en el paraíso. Comenzó a moverse entonces, con un ritmo lento y profundo que me hizo ver estrellas. Sus embestidas eran muy comedidas, preocupado por no causarme excesivas molestias y que mi coño se adecuara a su polla. «Qué considerado», pensé, «qué dulcemente atento a mis necesidades... como si fuera de cristal». Su cuidado me enternecía tanto como me excitaba. Opté por no moverme demasiado, dejando en sus caderas toda la ...
... responsabilidad. Él las fue intensificando gradualmente, ampliando el recorrido con una precisión que me dejaba sin aliento. Su cuerpo me envolvía completamente: el calor de su piel joven irradiaba sobre la mía como una manta viviente, su aroma masculino—colonia mezclada con sudor y deseo—llenaba mis pulmones con cada respiración entrecortada. Podía sentir las gotas de transpiración de su frente cayendo sobre mis pechos, marcándome como suya de la manera más primitiva. —Sí... —suspiré, hundiendo mis dedos en su espalda—. Exactamente así... —¿Te gusta? —murmuró contra mi piel, su voz ronca por el esfuerzo. —Me encanta —jadeé—. No pares... por favor, no pares nunca... —Estás tan estrecha... tan perfecta... —gruñó, intensificando el ritmo—. Como si fueras mía... —Soy tuya —susurré sin pensar, las palabras escapando entre gemidos—. En este momento, soy completamente tuya... Cada embestida era perfecta, calculada con una sabiduría que desmentía su juventud, llegando a lugares que había olvidado que existían en la geografía secreta de mi cuerpo. Sus caderas se movían con un ritmo hipnótico, profundizando el ángulo hasta que cada penetración tocaba ese punto dulce que me hacía arquear la espalda involuntariamente. Su pecho resbaladizo se deslizaba contra mis pechos con cada movimiento, creando una fricción deliciosa que intensificaba cada sensación. El peso de su cuerpo sobre el mío me hacía sentir pequeña y protegida, mientras su respiración caliente contra mi cuello ...