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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... tiempo... —Relájate —susurró, besando mi cuello—. Vamos despacio. Comenzó a entrar lentamente, centímetro a centímetro, dándome tiempo para ajustarme a su tamaño. La sensación era exquisita, como ser llenada no solo físicamente sino emocionalmente. —Espera, cariño —dije, sintiendo una ligera molestia—. Parece que este viejo motor necesita un poco más de aceite. Udo se detuvo inmediatamente, preocupado. —¿Te hago daño? ¿Paro? —¡Ni se te ocurra parar! —exclamé con una risa nerviosa—. Solo necesitamos un poco de... asistencia técnica. En la mesita de noche, cajón superior. Digamos que una mujer previsora siempre está preparada para las mejores emergencias. Él me miró con una mezcla de sorpresa y diversión, y luego estalló en una carcajada que me contagió inmediatamente. —¿Fuiste a comprar lubricante? —preguntó, alcanzando el cajón sin salir de entre mis piernas. —Digamos que cuando tú e Ida me dejasteis sola el otro día, tuve una revelación sobre mis... necesidades futuras —respondí, sonrojándome pero sin poder parar de sonreír—. Y resulta que tenía razón. —Eres increíble —murmuró, besándome mientras aplicaba el lubricante con una delicadeza que me derritió—. Absolutamente increíble. La diferencia fue inmediata y milagrosa. Cuando volvió a presionar contra mí, mi cuerpo se abrió para él como una flor al sol. Centímetro a centímetro, lenta y cuidadosamente, comenzó a entrar en mí. —Oh, Dios... —gemí, sintiendo cómo mi interior se expandía ...
... para acomodarlo—. Sí, así... despacio... —¿Estás bien? —preguntó, su voz tensa por el esfuerzo de contenerse. —Más que bien —susurré, sintiendo cómo la insoportable sensación inicial se transformaba en algo diferente—. Sigue, por favor, sigue. Aún con todo su esmero y el lubricante, me resultaba incómodo, incluso doloroso.«¿En qué estaba pensando?», me reprochaba una parte de mi mente mientras mi cuerpo se tensaba involuntariamente.«Esto es ridículo... soy demasiado mayor para esto.»... A medida que Udo iba introduciéndose en mí no dejé de gemir. Confundida entre el placer de algo nuevo e inesperado y esa molestía física, tardé en entender por qué mi cuerpo aceptaba aquella invasión sin reservas, pese a que mi cabeza no dejaba de rechazarlo. Cada centímetro que ganaba era una pequeña victoria, una reconquista de mi propio cuerpo. Podía sentir cómo mis músculos internos se relajaban gradualmente, aceptando su invasión dulce y necesaria. La sensación era embriagadora: ser llenada después de tanto tiempo, sentir esa plenitud que había olvidado que existía. Cuando finalmente estuvo completamente dentro de mí, ambos nos quedamos inmóviles por un momento, respirando pesadamente, asimilando la magnitud de lo que habíamos conseguido. Me sentía completa por primera vez en años, no solo físicamente sino como mujer. Mi cuerpo, que había temido que fuera demasiado viejo, demasiado rígido, había respondido maravillosamente. —Estás tan estrecha... —murmuró Udo, su frente ...