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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... como una turista primeriza que acababa de pagar cincuenta euros por una botella de agua en la playa. —En cualquier caso, les recomiendo que dejen la casa antes de que vuelvan los obreros. ¿Algo más en lo que pueda ayudarla? —preguntó con esa falsa cortesía que significaba «la próxima vez lea la letra pequeña, abuela». —No, gracias. Ha sido... muy ilustrativo. Colgué y me quedé ahí parada, mirando mi casa medio terminada. «Frieda Meyer», me regañé a mí misma, «a los setenta y un años acabas de demostrar que la edad no trae sabiduría. Enhorabuena, has comprado una casa como quien compra un vestido: por impulso y sin probártelo». —Solo hay un baño funcionando —anunció Ida tras su inspección, pero con una sonrisa—. Bueno, he vivido en peores condiciones. ¿Te conté de aquella vez en Marruecos cuando compartí habitación con cinco francesas en Marrakech? —¿Cuándo has ido tú a Marruecos? —El año pasado. Tour de solteras. Una experiencia reveladora, te lo aseguro. La seguí mientras me mostraba las habitaciones del segundo piso. Tres cuartos que parecían haber sido abandonados a medio construir, con paredes sin pintar, suelos de cemento y ventanas que más parecían agujeros en la pared. —Bueno —dije, tratando de sonar optimista—, al menos tenemos el dormitorio principal. Tú puedes quedarte en una de estas habitaciones... Ida me interrumpió con una carcajada amarga. —¿En cuál? ¿En la que no tiene ventanas o en la que el suelo es puro cemento? Frieda, ...
... esas habitaciones son inhabitables. Tenía razón. Sin aire acondicionado, sin acabados, sin apenas protección del exterior. —Está bien —suspiré—. Mi habitación es grande, podemos compartirla. —O yo puedo quedarme en el sofá del salón, Frieda, cariño—sugirió Ida con esa sonrisa que conocía demasiado bien—. Es cómodo, y así tendré mi propio espacio. Además, así tendré acceso directo a la cocina para mis raids nocturnos al frigorífico. Y quién sabe... puede que reciba alguna visita inesperada. A mi edad, cuando la aventura llama, hay que tener privacidad para responder. —Está bien —suspiré—. ¿Estás segura de que no quieres compartir la habitación como en los viejos tiempos? —Los viejos tiempos a los que te refieres eran cuando teníamos poco más veinte años, podíamos dormir en cualquier lado sin que nos doliera la espalda al día siguiente… y, sobre todo, Frieda, eso fue hace casi medio siglo. Mientras inspeccionábamos el resto de la casa, descubrimos más problemas: la electricidad funcionaba a medias, la fontanería funcionaba, aunque con esa presión irregular típica de las casas antiguas. El aire acondicionado era otro tema. Solo habían instalado una unidad en la planta baja y otra en mi dormitorio, dejando el resto de la casa a merced del calor —Al menos tenemos piscina —dije, señalando la pequeña alberca que brillaba bajo el sol mallorquín. —Que no se ha limpiado desde la caída del Imperio Romano —murmuró Ida. Decidimos dejarlo para más tarde. Era hora de ...