1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... que me atravesaba como un rayo—. Me voy a correr... no puedo aguantar más... es demasiado intenso...
    
    Cada palabra salía entrecortada, mezclada con jadeos desesperados mientras sentía cómo mi cuerpo se tensaba al borde del precipicio. Las sensaciones se acumulaban en mi vientre bajo como una tormenta a punto de estallar, cada embestida suya enviando ondas eléctricas que recorrían cada terminación nerviosa de mi ser.
    
    —Córrete para mí —gruñó contra mi boca, su aliento caliente mezclándose con el mío, sin apartar sus labios ni un milímetro de los míos—. Quiero sentir cómo te vienes alrededor de mi polla... quiero que me aprietes hasta volverme loco...
    
    Sus palabras, crudas y directas, me enviaron una descarga de puro deseo que casi me hizo estallar en ese mismo instante. La forma en que las pronunció, con esa voz ronca cargada de lujuria, hizo que mi interior se contrajera involuntariamente, arrancándole un gemido gutural.
    
    —No puedo... no voy a durar ni un segundo más... —jadeó contra mi cuello, su respiración errática delatando que él también estaba al límite, que también luchaba contra la misma fuerza arrolladora que me consumía.
    
    Podía sentir cómo su cuerpo se tensaba, cómo sus músculos se endurecían bajo mis manos mientras luchaba por mantener el control, por prolongar este momento perfecto antes de que nos destruyera a ambos.
    
    —Entonces ven conmigo —susurré contra su oído, mordisqueando suavemente el lóbulo—. Ven conmigo ahora... vamos juntos...
    
    Mis ...
    ... palabras fueron la chispa que encendió la dinamita.
    
    Y lo hicimos. El orgasmo me atravesó como un rayo, cada músculo de mi cuerpo contrayéndose en ondas violentas de placer. Mi coño se apretó alrededor de su polla con espasmos incontrolables, exprimiéndolo, ordeñándolo, mientras grité su nombre hasta quedarme ronca. Podía sentir cómo su verga crecía aún más dentro de mí, hinchándose hasta el límite antes de palpitar con una fuerza brutal.
    
    Entonces explotó. Su semen caliente me inundó por completo, llenándome hasta rebosar mientras él rugía mi nombre con una voz primitiva que resonó en toda la habitación. Cada pulsación de su polla enviaba más líquido ardiente a mi interior, marcándome desde adentro, reclamándome de la manera más absoluta posible.
    
    Las contracciones de mi orgasmo siguieron ordeñando cada gota de él, nuestros cuerpos unidos en una danza final de puro placer animal, hasta que ambos colapsamos, temblando y empapados en sudor, completamente devastados por la intensidad de lo que habíamos compartido.
    
    Nos quedamos ahí después, entrelazados y jadeando, con nuestros corazones latiendo como tambores de guerra. El mundo había cambiado, y nosotros también.
    
    —¿Te arrepientes? —preguntó después de un largo silencio.
    
    —¿De qué? —murmuré contra su pecho—. ¿De la mejor noche de mi vida?
    
    Él rió suavemente, y el sonido vibró a través de su pecho hasta mi corazón.
    
    —¿Qué vamos a hacer ahora?
    
    —Ahora —dije, alzando la cabeza para mirarlo—, vamos a disfrutar de cada ...