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Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
Bueno, ya habréis leído en un relato anterior la versión de Josefa, mi Pepa "Enrique, Miguel y yo, confesiones de una noche loca". Ahora me toca a mí contaros cómo viví yo esa noche que ha cambiado mi vida para siempre. Y os adelanto que mi perspectiva es... digamos, bastante diferente. Esa noche… Mi reflejo en el espejo del hotel me devuelve la mirada con una mezcla de resignación y nerviosismo que no me gusta nada. Sesenta y cinco años. Barriga de cerveza mal disimulada. Una aventura que nunca pedí pero que estoy a punto de vivir por amor. «Menudo marrón te has buscado, Miquel». La calva incipiente y las canas de mi pelo me confirman algo que ya sé: ya no queda rastro del joven apuesto (está mal que yo lo diga) que conquistó a Pepa hace décadas. Durante años, nuestro matrimonio siguió el patrón predecible de cualquier pareja de nuestra edad: sexo ocasional, rutinas establecidas, la tranquilidad de lo conocido. Pero todo cambió cuando mi mujer decidió que necesitábamos «explorar nuevos horizontes». ¿Quién dijo que las mujeres de más de sesenta pierden el interés por el sexo? «Desde luego no conocían a mi Pepa», pienso mientras la escucho ir de aquí para allá nerviosa por la habitación. Ella sigue siendo como una adolescente que únicamente tiene la mente llena de sexo. Hemos probado el intercambio de parejas, pero, esto... esto que ahora quiere es territorio completamente desconocido. Me dirijo al neceser y saco una de las pequeñas pastillas azules ...
... que conseguí que me recetasen antes de nuestro primer viaje a Fuerteventura. «Por si acaso», me dije entonces. «Para no hacer el ridículo delante del Adonis de cuarenta y cinco años», me digo ahora mientras me la trago con un sorbo de agua. «Menudo panorama, Miquel. Sesenta y cinco años y necesitas química para tratar de competir con un tío que podría ser tu hijo». Me ajusto la camisa por enésima vez mientras observo a Pepa arreglándose en el baño. Llevamos tres años haciendo intercambios de parejas en Fuerteventura, vale. Pero siempre por separado. Siempre en habitaciones diferentes. Siempre con la seguridad de que, al final del día, cada uno volvía con el suyo. «¿Quién coño iba a decir que a mi edad iba a estar arreglándome para compartir a mi mujer con otro tío?» La verdad es que, como ella ya os ha contado, todo empezó como una broma. Pepa llevaba semanas insistiendo con eso del «trío», y yo pensé que se le pasaría como todas sus obsesiones temporales. Como cuando quiso aprender italiano o cuando se empeñó en que nos hiciéramos vegetarianos durante dos meses. Pero esta vez no se le pasó. Y yo, como el idiota enamorado que soy después de todos estos años, dije que sí. «Lo que uno hace por su mujer», me digo, aflojándome la corbata que me aprieta como una soga. El problema no es solo compartirla. El problema es que, desde que empezamos a intercambiar mensajes con Enrique, algo dentro de mí ha empezado a... cambiar. Al principio pensé que el tipo era ...