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Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... ligeramente. «Ni siquiera él puede mantener la compostura ante semejante hembra», pienso con una mezcla de orgullo y excitación que me sorprende. Se apoya sobre sus brazos extendidos, dejando espacio para que tanto yo como Pepa podamos ver perfectamente cada movimiento. Con una delicadeza exquisita, comienza a acariciar con su pollón el vello púbico de mi mujer, deslizándolo suavemente por toda la zona, presionando de vez en cuando sobre su monte de Venus con movimientos circulares que la hacen gemir y arquear la espalda. —Oooh... sí... así... —suspira Pepa, cerrando los ojos con placer. «Joder, qué hábil es este cabrón», pienso, fascinado por la forma en que controla su miembro con solo el movimiento de sus caderas, acariciándola con una suavidad y delicadeza que habla de años de experiencia. «Está volviendo loca a mi mujer sin siquiera metérsela». —Méteme... métemela ya —jadea Pepa, con la voz entrecortada por el deseo, confirmando mi intuición—. Estoy... estoy deseando tener... tener una polla tan... tan gorda dentro... Comienza a penetrarla con una lentitud exquisita, centímetro a centímetro, permitiendo que mi cuerpo se adapte a él, con una lentitud que me vuelve completamente loco, cada centímetro un pequeño terremoto que sacude todo mi mundo conocido. Desde mi posición privilegiada puedo ver absolutamente todo: cómo su miembro, considerable y ya brillante de excitación, se desliza dentro del sexo húmedo y expectante de mi mujer, cómo los labios de Pepa ...
... se separan para recibirlo, cómo su rostro se transforma en una máscara de placer puro. —¡Joder...! —gime Pepa cuando siente cómo se abre paso dentro de ella—. Más... más despacio... Mi cuerpo no... no está acostumbrado a... a tu tamaño... —Tranquila, cariño... —murmura Enrique con la respiración agitada—. Vamos... vamos poco a poco... Déjate... déjate llevar... Cuando finalmente se desliza completamente dentro de ella, Pepa arquea la espalda y suelta un gemido gutural que me eriza todos los pelos del cuerpo. —¡Dios... Enrique, cómo... cómo me llenas...! —jadea, cerrando los ojos con fuerza—. Es... es diferente... más... más grueso que... Sus palabras entrecortadas y la expresión de su rostro me dicen todo lo que necesito saber. Para ella, en este momento, el mundo debe estar explotando en colores que no sabía que existían. Es diferente a como lo hago yo, puedo verlo en su cara, en la forma en que se aferra a las sábanas, en cómo sus piernas tiemblan ligeramente. —Dios... qué apretadita... qué apretadita estás —gime Enrique, y sus palabras obscenas me excitan hasta un punto que no creía posible. Ella asiente con un gemido gutural que me eriza cada pelo del cuerpo, un sonido que no es solo de placer, sino de reconocimiento, como si su cuerpo hubiera estado esperando exactamente esto, exactamente a él. «Joder, sé exactamente lo que está sintiendo este tío ahora mismo», pienso, recordando perfectamente esa sensación de calor húmedo, esa presión deliciosa ...