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Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... minutos son un torbellino de sensaciones nuevas. Las manos de Enrique en mi cuerpo, mis manos explorando el suyo, Pepa observándolo todo con esa expresión de fascinación que me vuelve loco. Y cuando Enrique se inclina hacia mí, acercando su cara a la mía, sé que va a pasar. Va a besarme. Y yo voy a dejar que lo haga. Nuestros labios se encuentran con una delicadeza que me sorprende. No es el beso agresivo y dominante que esperaba. Es suave, exploratorio, una pregunta más que una afirmación. Y sabe a promesas. A territorio prohibido. A cosas que no sabía que quería hasta este momento. Su barba raspa contra mi piel de la forma exacta que había imaginado, y cuando su lengua busca la mía, algo dentro de mí se rompe definitivamente. «Adiós, Miquel hetero. Ha sido un placer conocerte». Cuando nos separamos, los dos estamos jadeando, y Pepa nos mira con una expresión que es pura lujuria destilada. —¡Hostia puta! —exclama con la voz ronca de excitación—. Estoy empapada de veros besar así. ¡Joder, qué caliente me habéis puesto! —Bueno, yo... nosotros... —intento responder algo coherente, pero mi cerebro está demasiado ocupado procesando lo mucho que me ha gustado sentir los labios de Enrique, su barba raspando contra mi piel, su lengua explorando mi boca como si llevara años esperando ese momento. «Concéntrate, hombre. Di algo ingenioso. Algo que no revele que acabas de descubrir que besar a un hombre puede ser tan adictivo como el primer ...
... cigarrillo». —Increíble —termina Enrique por mí, salvándome del ridículo, y su sonrisa es pura satisfacción masculina—. Tu marido besa muy bien, Pepa. «Gracias por el cumplido, pero ahora mismo no sé ni cómo me llamo», me digo a mí mismo, todavía sintiendo el sabor de sus labios en mi boca. —¿Qué tíos, ahora vais a pasar de mí? —bromea Pepa, aunque la visión me tiene completamente hipnotizada. —¡Jamás! —respondemos al unísono. —Miguel —dice Enrique con esa sonrisa traviesa—, ¿te apetece follarte a tu mujer mientras yo os miro? —Tiene que decidirlo ella —respondo, mirando a Pepa. —Quiero que lo hagas tú, Enrique —dice mi mujer sin dudar—. Quiero ver la cara de mi marido mientras te follas a su mujer. Quiero ver cómo disfruta viendo a otro hombre dándome placer. «Joder, mi vampiresa sabe exactamente lo que quiere», pienso, sintiendo cómo se me acelera el pulso ante la perspectiva. Los siguientes minutos son puro voyeurismo de lujo, una sinfonía visual que jamás pensé que podría disfrutar tanto. Mi mujer abre las piernas con esa gracia natural que me ha conquistado miles de veces, pero ahora hay algo diferente en su gesto, una entrega que va más allá de la costumbre, una rendición absoluta que me deja sin respiración. Enrique se posiciona entre los muslos torneados de Pepa con una reverencia casi religiosa, como si estuviera a punto de profanar un altar sagrado. Sus manos grandes y morenas se apoyan en las caderas de mi mujer, y puedo ver cómo tiemblan ...