-
Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... peligrosos: está masturbándose, acariciándose el clítoris a gran velocidad con los dedos mientras me mira directamente a los ojos. Arrodillada en la cama con las piernas muy abiertas, sentada sobre sus talones en una posición que la deja completamente expuesta, es una de las imágenes más morbosas que he visto en mi vida. Su melena castaña con mechas plateadas, siempre perfectamente peinada y estirada, es ahora una madeja informe con mechones empapados que se pegan a su frente sudorosa y a sus mejillas encendidas. Tiene la cara empapada de sudor, los ojos entornados brillando con lujuria desatada, y la piel de la cara, los hombros y el pecho completamente encendida por la excitación. Su respiración es agitada, entrecortada, como si acabara de correr una maratón. Se muerde el labio inferior con tanta fuerza que me preocupa que se haga daño, pero la expresión de lujuria pura en su rostro me dice que está disfrutando cada segundo del espectáculo como una voyeur insaciable. —¡Jo… Joder, Miguel! —gruñe Pepa con lenguaje de camionero—. Verte… verte dándole por el culo a otro hombre… me pone a mil. ¡Hostia puta, qué caliente me tienes! ¡La virgen, el coño me chorrea! Su piel anegada en sudor brilla bajo las luces tenues del reservado y el parpadeo dorado de las velas aromáticas, y puedo ver cómo de su sexo abierto y rosado fluye una baba espesa y brillante que testimonia su excitación descontrolada. Su rostro congestionado, los labios hinchados y sedientos, esa urgencia ...
... depredadora en sus movimientos... «Hostia, parece salida de una película de vampirosde los 70», pienso divertido. —Enrique, cariño —jadea Pepa observando atentamente—, de… de tu polla está empezando a gotear semen sobre la cama. Estás a punto de… de correrte como un… como un caballo, ¿verdad? —¡Miguel, córrete dentro!… ¡Dame tu leche! —me urge Enrique De repente, siento como Enrique se tensa completamente bajo mi cuerpo. Sus músculos se contraen en espasmos violentos alrededor de mi miembro, apretándome con una intensidad que me corta la respiración mientras se derrama sobre las sábanas con gemidos guturales. —¡Me viene! ¡Me viene! —grita Pepa al mismo tiempo, y su cuerpo se convulsiona en un orgasmo tan violento que tiene que agarrarse a las sábanas para no caerse de la cama. La combinación de sensaciones me supera completamente. El apretón convulsivo de Enrique, los gritos de placer de Pepa, la intensidad de todo lo que estoy viviendo... Mi propio orgasmo me golpea como un tsunami, vaciándome dentro del preservativo con una fuerza que me deja sin aliento. Me derrumbo sobre la espalda sudorosa de Enrique, agotado y completamente saciado. —¡Joder, qué corrida! —es lo único que se me ocurre comentar. —Ha sido... cojonudo —jadea Enrique, todavía recuperando el aliento—. Hacía tiempo que no me vaciaba así. —Una puta maravilla —añade Pepa con la voz ronca, estirándose como una gata satisfecha—. Esto hay que repetirlo, joder. Y pronto. Llegar al orgasmo ...