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Los espejos de Laura
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Cortesana-Xochi, Fuente: CuentoRelatos
... sobre los encajes blancos. Ella alzó su boca, nos volvimos a fundir en otro «salivar» de mieles, volvía a penetrarme con sus dedos jugando con mis labios mojados y provocando que mi clítoris pidiera a gritos también la saliva de su boca. Perdí la conciencia y caí sobre ella en un abrazo, girando en la cama sobre las suaves sábanas blancas, todo se confundía con su piel, quedé atrapada bajo su sodomía, entre su aroma y mi perfume; con su lengua fue dejando rastros de saliva desde mi boca hacia mis caderas, me giré y le ofrecí mi cola, mi esfínter sintió su lengua enterrarse y sus dedos en mi vulva arrancándome el primer orgasmo. Fue intenso e interminable ese placer, ella recostó toda su desnudez sobre mi cuerpo; miré sus hermosos ojos verdes que brillaban sin decoro, me besó y cerrando mis ojos acaricié su desnudez que me daba ese entusiasmo de aceptar ese momento lésbico. Creo que fue la primera vez que sentí una pasión intensa por una mujer, claro que Mena era una amiga íntima, pero fue más que íntima a partir de ese momento, cuando mis manos que se deslizaban sobre su piel rodeo su cola, —era perfecta, suave—, volvimos a girar sobre nosotras, ahora estaba yo dominándola y fui bajando hasta que sentí en mis labios el sabor de su ...
... sexo, mi lengua jugaba sin penetrarla dejando chorros de mi saliva sobre sus pliegues; tomé entre mis labios su clítoris y lo apreté hasta que un chorro de su flujo se internó en mi garganta, Mena había acabado en mi boca, como yo antes en la suya. Terminamos gimiendo entre besos como dos putas zorras. Entrecruzadas nuestras piernas y nuestros abrazos no dejaban de excitarnos; comencé a moverme sobre ella frotando nuestros pubis como si la estuviera o me estuviera penetrando, esa era la sensación, y otra vez, y otros orgasmos ahogándonos en un nuevo juego de húmedos besos entre nuestros labios. Mena después de tantos orgasmos se quedó dormida, su silueta mientras estaba boca abajo era una curvilínea que no dejaba de excitarme, la volví a desear, pero no podía despertarla, había sido demasiado para ser la primera noche. Me serví más champaña y volví a mis pensamientos ¿Cómo íbamos a continuar con esta relación? ¡Esta tentación! Me relajé mirando su desnudez y de fondo las ventanas donde quizá otras anónimas perversiones se iluminaban en ese New York, cerré los ojos, acaricié mi desnudez, mis pezones apuntaban hacia la noche; ¡me dormí con el último aliento de placer después de masturbarme sintiendo y rozando la piel de mi amante dormida!