-
Una morena caribeña y una rubia española
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos
-Mañana tendrás un día de locos -me había dicho mi jefe hacía una eternidad, es decir aquel miércoles, porque el jueves era mi último día de trabajo y porque el viernes comenzaban mis vacaciones. Y fue un día de locos, efectivamente, porque tuve que actualizar todo mi archivo fotográfico para las ediciones dominicales, porque tuve que entregar material para tres reportajes y tuve que editar casi diez páginas completas. La camioneta del periódico me dejó en mi casa a las dos de la mañana, armé una valija pequeña con poca ropa, dos pantalones, dos blusas, tres camisetas, tres pareos, interiores, dos trajes de baño, dos shorts, pañuelos, chancletas, toallones, la lona de playa que me regaló Rafaela cuando le dije que me iba de vacaciones a Bahía Escondida, tres libros, el discman y mis pirateados de siempre: Sabina, Serrat, Aute, uno de Ray Koniff, mis infaltables boleros y una selección de clásicos. Llegué al punto de partida del autobús antes de las siete de la mañana y desayuné un jugo de naranjas con un sándwich de jamón y queso. El autobús comenzó a rugir mientras se montaban los últimos pasajeros. En un televisor apareció un mensaje de la compañía de transporte que nos deseaba feliz viaje y, al llegar al borde de la calle, un taxi se atravesó delante, el taxista hizo una seña y bajó una muchacha de estatura mediana, vestía una falda roja acampanada, zapatillas deportivas, una camisa negra de mangas cortas, y cargaba una maleta común, una mochila verde y una ...
... carterita negra. El cobrador la acomodó en el asiento libre a mi lado y el autobús arrancó pesadamente. Me cubrí con un toallón para protegerme del frío del aire acondicionado y en pocos segundos me adormilé. Cuando desperté el bus atravesaba un camino rodeado de montañas y la muchacha sentada a mi lado leía una revista de Asterix. Era rubia y llevaba el pelo corto, tenía ojos verdes y pecas alrededor de la nariz, usaba un reloj de cuarzo enorme y varios anillos de fantasía. Era en verdad muy bonita. Después de casi tres horas y media de viaje el autobús se detuvo en un pueblo pequeño y bajé junto a un grupo de pasajeros, todos europeos, blancos y rubios como la muchacha. Un moreno corpulento se acercó a ofrecer el servicio de un pequeño autobús que estaba estacionado a mitad de cuadra, frente a un pequeño restaurante. Una alemana, en trabajoso español, le explicó que quería llegar al hotel Kreiter, en Bahía Escondida. Al oír la tarifa me adelanté entre el grupo y lo enfrenté. Aconsejé que no se dejaran estafar y que esperáramos el transporte que vendría en un par de horas. Finalmente, el moreno negoció conmigo la tarifa y el vehículo se llenó y partió de inmediato. Tras un recorrido por un sinuoso camino de montaña llegamos a un pueblo pequeño, cruzamos la asfaltada calle principal y por un camino arenoso que corría paralelo a la playa llegamos al hotel, un edificio grande con habitaciones amplias, con balcones que miran hacia el mar. El comedor era un espacio abierto, ...