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Una morena caribeña y una rubia española
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos
... estragos en nuestras dietas, dijo ella mientras se servía plátanos fritos con huevos revueltos. Cuando me sentí completamente llena me puse a pensar en lo que haría. Parece que Macarena me leyó el pensamiento. -Dime, ¿cuánto crees que nos cobraría un taxi para llevarnos al pueblo? ¿Te gustaría dar un pequeño paseo? -Podemos preguntar -sugerí. Finalmente, un taxi apareció y en menos de diez minutos estábamos en el pueblo. Caminamos un poco, vimos lugares de ventas de artesanías, dulces regionales, cuadros que impresionaron a Macarena. Almorzamos en un comedor económico donde comimos arroz con habichuelas y pollo frito. Compramos algunas provisiones y bebidas y volvimos al hotel, nos sentamos a tomar una cerveza en el balcón de mi habitación y, a las cuatro de la tarde, fuimos a la playa y estuvimos toda la tarde en el agua. Macarena era muy torpe para nadar y festejaba mis zambullidas y mis planchas. Me pidió que le enseñara a flotar y entonces tuve que sostenerla en mis brazos. Hacía tanto tiempo que no sujetaba un cuerpo de mujer que me sentí extraña. Supongo que el color de mi piel morena evitó que Macarena notara que me ponía colorada. Estuvimos practicando un rato hasta que, en algún momento, ambas miramos hacia el Oeste y notamos que bajo un manto de nubes que enrojecían lentamente el agua empezaba a teñirse de reflejos rosados, mientras el sol se acostaba sobre el horizonte marino con una luminosa y pesada modorra. Los diferentes grupos de bañistas, ...
... separados por distancias de cincuenta y hasta cien metros, seguían nadando y saltando, completamente ajenos al espectáculo imponente que se nos presentaba. Me quedé parada, con el agua casi a la altura del cuello, mientras Macarena se sostenía flotando, prendida de mi brazo. -Hacía años que no veía un atardecer -dijo. Cuando el último reflejo del sol pareció sumergirse en la distancia, salimos del agua con lentitud, mientras la brisa nos erizaba la piel. El enrojecimiento del cutis de Macarena alrededor de los bordes de su traje de baño me preocupó un poco. Le pregunté si se había puesto protector solar. -Pues… hoy todavía no… pensaba ponérmelo después de la ducha. -Tienes que ponértelo, y mucho, si mañana no quieres estar descascarada como una serpiente. -No me asustes. No pensé que el sol de aquí fuera tan potente… Me di una larga ducha y me senté, envuelta en un toallón, en el balcón a disfrutar de la brisa fresca. Macarena apareció entonces, entró directamente con un tubo de protector solar en la mano. -Mira, quiero que me lo pongas tú, digo si no te molesta. Disimulé mi turbación todo cuanto pude y respondí que no, que no me molestaba en absoluto. Macarena se quitó entonces la túnica semitransparente que llevaba puesta y se tendió sobre la cama, completamente desnuda y a mí se me cayó el tubo de protector de la mano, con tanta mala suerte que rebotó en el piso y se perdió, no supe si debajo de la cama o del pequeño gavetero que estaba contra la ...