1. Una morena caribeña y una rubia española


    Fecha: 15/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    ... con un amplio techo de yaguas y mesas y sillas de madera.
    
    El corto pero accidentado viaje por la montaña había hecho estragos en mi pelo, de modo que, una vez que me inscribí, averigüé con una de las camareras dónde había un salón. Felizmente había uno en la parte baja del hotel. Como no había ascensores, tuve que cargar mi maleta por una larga escalera hasta llegar a la cuarta planta. La vista del mar desde el balcón era sencillamente espectacular. Me quedé parada, recostada en el barandal de madera y respiré profundamente. Una serenidad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo me llenó por completo y me sentí feliz, mucho más que la noche en que, por primera vez, logré dormir sin tranquilizantes.
    
    Cuando bajé al comedor casi todas las mesas estaban llenas. Busqué un lugar y, para sorpresa mía, la muchacha con la que compartí asiento sin cruzar palabra me hizo una seña y me senté junto a ella. Comimos arroz con mariscos y de postre una ensalada de frutas con miel que ella degustó con fruición.
    
    -Mi nombre es Macarena.
    
    -Mucho gusto, yo me llamo Adelaida.
    
    -¿Eres de aquí?
    
    -Soy de la capital, tú eres madrileña, ¿verdad?
    
    Sonrió antes de responder y sus mejillas se sonrojaron.
    
    -En realidad vivo en Madrid desde hace más de veinte años, pero nací en un pueblito de Valencia que se llama Rubí. ¿Tú conoces este lugar?
    
    Negué con la cabeza. Recordé en ese momento que la primera vez que oí hablar de Bahía Escondida fue por mención de mi ...
    ... sicoanalista.
    
    -Bueno, no te culpo, yo también quisiera conocer todos los pueblitos de montaña que hay en mi país y nunca he ido.
    
    -¿Y cómo viniste aquí?
    
    -Pues, mira, un amigo antropólogo estuvo el año pasado y, que me ha hablado tantas maravillas de este lugar que, pues me dije, hala, y armé mi expedición después de muchas vueltas.
    
    Continuamos charlando un rato más, hasta que vi en su enorme reloj que eran casi las dos de la tarde. Decidí hacer una siesta muy breve y bajar a la playa cuando el sol no estuviera tan fuerte. Imaginé las pieles enrojecidas de los europeos y me dio gracia mi prevención; a las negras, como es mi caso, el sol nos pone más negras y ya. Antes de ir a la playa pedí un turno en el salón y me llevé uno de los tres libros que puse en la mochila, una novela policial de Rex Stout.
    
    Me di un par de chapuzones en un agua deliciosa y floté como si las olas tuvieran brazos y me estuvieran meciendo, zambullí como lo hacía en mi niñez en las playas del sur y aunque acudió a mi mente una y otra vez el recuerdo de Raquel, había tanta paz que ya nada podía hacerme daño. Raquel fue mi pareja durante casi dos años y medio.
    
    Habíamos hecho un proyecto de vida juntas y yo estaba completamente segura de que nada nos separaría. Sin embargo, Raquel se enamoró en una sala de chat de una italiana llamada Chiara y un día simplemente se fue de mi vida, de mi casa, de mi historia. Viví días desastrosos después de su partida, fumé marihuana y me emborraché con litros de whisky, perdí ...
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