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Cogidita de la Mano
Fecha: 19/09/2026, Categorías: Hetero Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... limbo nocturno que parecía fuera del tiempo— compartían cigarro en silencio. Y aunque nada se decía, todo se intuía. Maribel no interrumpía su ritual. Se despojaba de la camisa como si él no estuviera. Se apoyaba en la baranda, con las tetas al aire, la piel fría, los pezones tensos por el viento. Era su momento de libertad. Su tregua. Y Diego, a unos pasos, fingía no mirar. Pero estaba ahí. Cada noche que coincidían, lo estaba. Fumaba en silencio. Exhalaba despacio. Y últimamente, más que una rutina, se había vuelto un juego. Desde que Emma habló de esos ojos, algo había cambiado. Pero esa noche él se movía distinto. La forma en que cambiaba el cigarrillo de mano. Cómo evitaba girarse hacia ella. Tenía el cuerpo tenso, como si estuviera esperando algo. Maribel no dijo nada. Se quedó junto a él, con el pecho expuesto al aire frío, los ojos al cielo. Hasta que él habló. —¿Tu hija… te ha dicho algo raro? Ella giró apenas la cabeza. —¿A qué te refieres? —Algo sobre la rejilla. Los ductos. La frase cayó como una piedra en un lago. Maribel encendió su cigarrillo, sin apuro. Lo sostuvo entre los labios mientras pensaba. —¿Tú la viste? Diego negó. Luego dudó. —No. Pero… he escuchado cosas. Un sonido en el ducto. Como si algo se arrastrara por dentro. Maribel notó que evitaba mirarla directamente. Fingía estar tranquilo, pero las comisuras de los labios le temblaban. El cigarrillo le ardía más rápido de lo normal. —¿Lo has ...
... oído otras veces? Diego tardó en responder. —Una. O dos. No sé. Esas rejillas no están tan bien selladas como deberían. Y entonces, por primera vez, Maribel sintió que él tenía miedo. Lo miró de perfil. —¿Seguro? —insistió ella. Su voz era suave, casi amable—. Porque los niños no sabían dónde mirar. Pero tú sí. Él giró hacia ella, por primera vez en la noche. Y ahí estuvo. Ese leve parpadeo, ese titubeo que no venía del miedo, sino de la culpa. —¿Qué estás diciendo? —Que los ductos dan justo al cuarto de calderas, ¿no? Que algunas rejillas están flojas. Que hay rutas técnicas que solo el personal antiguo conoce. Como tú. Diego bajó la vista. Se mordió el interior de la mejilla. —No era por ella —dijo al fin, con la voz rasposa—. Era por ti. Maribel no se movió. Solo sostuvo el cigarrillo entre los dedos y esperó. —No pensaba hacer nada —continuó él, bajando aún más la voz—. Solo… verte. Algunas noches. Cuando subías y te quitabas la camisa. Me metía por los ductos desde el cuarto de control. Desde antes que Emma hablara. Desde antes que tú sospecharas. El silencio que siguió no fue rabia. Ni sorpresa. Fue otra cosa. Algo más turbio. —¿Y te gustaba verme sin saber que te veían? Diego alzó la mirada. No supo qué responder. Dio un paso atrás. Maribel asintió, muy despacio. Luego aplastó el cigarrillo contra la baranda. Ella lo miró fijamente, sin perder la calma. —¿Y si ya podías verme desnuda cuando estábamos juntos en la ...