1. Cogidita de la Mano


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Hetero Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... terraza? —preguntó con voz firme—. ¿Para qué la necesidad de hacerlo a escondidas, por los ductos?
    
    Diego tragó saliva, incómodo. No tenía respuesta fácil.
    
    —No sé —murmuró—. Supongo que… era diferente. Más privado. Más seguro. Podía mirarte directamente y no tener que evitar que notaras mis miradas sobre ti.
    
    Maribel lo observó, buscando algo más, una verdad oculta detrás de esa explicación torpe.
    
    —¿Seguro? Porque yo creo que no se trataba solo de eso.
    
    Hubo un silencio tenso.
    
    —¿Qué se trataba entonces? —preguntó Diego, con la voz apenas audible.
    
    Ella inhaló el humo, dejó que el aire caliente se escurriera lento.
    
    —Mírame —le dijo.
    
    Diego levantó los ojos, despacio, como si el gesto pesara. Se encontró con la mirada de Maribel: fija, firme, despojada de vergüenza.
    
    —Si querías verme —continuó ella—, solo tenías que hacerlo. De frente. No arrastrarte por los ductos como una alimaña.
    
    Diego no dijo nada. Pero no apartó la vista.
    
    Ella se incorporó un poco más, sin cubrirse.
    
    —Aquí estoy. Ya no hay rendijas. Ni rejillas. Ni excusas.
    
    Su voz era suave. Pero no había ternura en ella.
    
    Había desafío. Y algo más.
    
    Una amenaza implícita, vestida de calma.
    
    Ella se irguió un poco más. Levantó sus senos con las manos, sin apuro, sin pudor.
    
    —Míralos —dijo, con la voz baja, casi como un susurro seco—. Es lo que querías, ¿no?
    
    Diego los miró, pero esta vez con morbo en sus ojos. Solo algo más crudo: culpa, deseo contenido, y miedo.
    
    Maribel ...
    ... sostuvo su mirada unos segundos más, luego se enderezó del todo. Sin apartar los ojos de él, desabrochó el botón de sus pantalones, bajó la cremallera con lentitud, como si cada sonido en ese gesto estuviera pensado.
    
    Se los quitó sin apuro, dejando que la tela cayera a sus tobillos. No llevaba ropa interior.
    
    Giró despacio. Le dio la espalda. Separó apenas los pies, y se quedó allí, de pie frente a él, desnuda, bajo la luz de la luna y los faroles.
    
    —¿Así es como me querías ver? —preguntó sin volver la cabeza—. Sin que yo supiera. Sin que tuviera el control.
    
    Silencio.
    
    —Pues ahora lo sabes. Y yo también.
    
    Diego respiraba con dificultad, como si el aire se hubiera vuelto más denso.
    
    Maribel se quedó inmóvil, ofreciéndose, sí… pero no como víctima. Como quien revela algo y al mismo tiempo impone una nueva regla.
    
    Una en la que él ya no tenía la ventaja.
    
    —¿Y ahora qué? —preguntó él, finalmente.
    
    Ella se volvió a mirarlo por encima del hombro.
    
    —Ahora miras. Pero sabiendo que lo permito. Que te lo doy yo. No un hueco en la pared.
    
    Y en su rostro no había sonrisa. Había fuego contenido. Había poder. Había advertencia.
    
    Y él lo entendió.
    
    Muy bien.
    
    Diego no respondió de inmediato. Solo bajó un poco la cabeza, como si las palabras de Maribel hubieran sido una sentencia que no se atrevía a discutir. Pero sus ojos… sus ojos no se apartaron de ella. Seguían fijos, absorbidos, rendidos ahora a su trasero.
    
    Dio un paso. Luego otro. Lento. Medido. Como ...
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