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Pollón salvaje
Fecha: 21/09/2026, Categorías: Sexo Interracial Autor: jovenesalegres, Fuente: TodoRelatos
... podía pasarle nada. Aunque dudó. La luz parpadeante de la hoguera hacía que los músculos del hombre parecieran esculpidos en la noche, cada fibra tensa, cada vena un mapa de poder. Su mirada, ardiente y posesiva, la devoraba. —¿Comerme a mí? —susurró Sara, su voz apenas un hilo, pero con un matiz que no era de súplica, sino de provocación—. ¿Y qué parte de mí te apetece más, salvaje? El hombre sonrió, una sonrisa ancha y depredadora que mostró unos dientes blancos perfectos. Sin previo aviso, se abalanzó sobre ella, pero no con violencia, sino con una rapidez asombrosa. Antes de que Sara pudiera reaccionar, la había levantado en brazos, colocándola a horcajadas sobre su cadera, de frente a él, como si fuera una pluma. Sus muslos delgados se aferraron instintivamente a la cintura de acero del hombre, y sus pechos, cubiertos por el top de tirantes desgarrado, quedaron a la altura de su rostro. La boca del gigante, caliente y húmeda, atrapó uno de sus pezones a través de la tela. Un gemido escapó de los labios de Sara. Sintió cómo succionaba con fuerza, arrastrando el pezón y la tela con él, una sensación brutalmente placentera que la hizo arquear la espalda. Sus manos se aferraron a los hombros anchos del hombre, sus uñas casi clavándose en la piel tensa. Luego, su boca se movió al otro pecho, succionando con la misma avidez, la misma ferocidad, dejando una mancha de humedad en la tela. Los sonidos de sus labios y lengua contra su piel mojada por la saliva ...
... resonaban en el silencio de la habitación en ruinas. Mientras sus pechos eran torturados con un placer exquisito, el hombre soltó una de sus manos de la espalda de Sara y la bajó, rasgando la tela de su camiseta con un movimiento seco y brutal. El sonido del algodón cediendo fue música para sus oídos. De un tirón, le arrancó el precioso sujetador de encaje, dejándolo caer al suelo. El aire frío de la noche golpeó sus pechos desnudos, que ahora se alzaban, duros y palpitantes, ofrecidos sin pudor a la boca hambrienta del depredador. Sus labios gruesos y su lengua experta se dedicaron a un festín, chupando, mordisqueando, lamiendo sus pezones con una intensidad que la hizo jadear. El hombre no se detuvo ahí. Con la otra mano, descendió por su espalda, agarrando la cintura de su pantalón. Con un tirón poderoso, la tela áspera se rasgó de arriba abajo, revelando sus caderas y la curva de su culito respingón. El sonido del rasgado fue seguido por el frío de la noche en su piel, y luego, el roce cálido de su mano. La ropa voló por los aires, reducida a jirones. Sara estaba ahora casi completamente desnuda, a excepción de su tanga. Mientras sus cuerpos estaban pegados, piel contra piel, Sara sintió una protuberancia dura y gruesa presionando contra su bajo vientre. No había duda de lo que era. El taparrabos, que apenas cubría la entrepierna del hombre, no podía disimular el tamaño y la erección de lo que se escondía debajo. Era como un tronco, palpitando con una vida ...